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Un comercio justo es posible, si se quiere

Toda política agrícola determina la vida de los agricultores, incluso más allá de las fronteras nacionales. Si Europa no piensa más allá de su propio continente, es la agricultura del sur la que sufrirá.  Los mecanismos para una mayor equidad son conocidos, ahora se trata de activarlos.

Este contenido fue publicado el 31 agosto 2021 - 09:44

Desde que viví y trabajé en Camerún durante algún tiempo, más de 15 años, este país africano se ha convertido en mi segunda patria.

Durante una visita a Camerún hace cinco años, los productores locales de leche me dijeron que ya no podían vender su propia leche debido a la gran cantidad de leche en polvo barata procedente la Unión Europea (UE).

Un año antes, la UE había abolido su sistema de cuotas lácteas. Como resultado, Europa produjo mucha más leche que de costumbre que luego vendió a precios bajísimos en todos lados, África incluida.

Este es solo un ejemplo: la liberalización del mercado lácteo en la UE ha generado problemas a las mujeres que se dedican a la producción de leche en Camerún. Y los productores europeos de leche tampoco se han visto beneficiados con la nueva política.

La liberalización del mercado agrícola generalmente significa que algunas personas se enriquezcan y el resto, principalmente los agricultores de todo el mundo, salen perdiendo.

Pero no quiero detenerme en el tema del comercio. Al fin y al cabo, este no es intrínsecamente malo. Al contrario, contribuye en gran medida al desarrollo global. Solo necesita las barreras de protección adecuadas.

Varios objetivos de la Agenda 2030Enlace externo  de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible destacan la importancia del comercio justo. Por ejemplo, el objectivo número 1Enlace externo  (erradicar de la pobreza) y el objetivo 8 (promover un crecimiento económico y empleo sostenibles).

Pero los desafíos son grandes y la situación es compleja. Empecemos por las importaciones, que son demasiado baratas desde la perspectiva del Sur. Las tarifas aduaneras podrían proteger la agricultura local y preservar los puestos de trabajo amenazados.

¿Pero estas intervenciones regulatorias no aumentarían los precios de los alimentos para la población urbana? En los países donde las personas gastan gran parte de sus ingresos en alimentos, este problema es capital.

De ahí que la atención deba centrarse primero en el papel de los países industrializados occidentales: una política agrícola basada en el abastecimiento local, y no en la producción masiva, cuyos excedentes tienen que venderse a precios de dumping en el mundo entero, sería sostenible. Mucho más que una política enfocada principalmente en el crecimiento.

Además de las importaciones en países en desarrollo, las exportaciones de estos países también constituyen una parte importante del comercio mundial. Proporcionan divisas y, según el grado de transformación que tengan, también generan puestos de trabajo, que se requieren urgentemente para luchar contra la pobreza.

Suiza favorece las importaciones del Sur y les concede preferencias arancelarias. Sin embargo, estas solo se aplican a las materias primas. Los productos procesados deben pagar los correspondientes aranceles, ya que Suiza da más prioridad a la protección de su propia economia.

Este sistema arancelario debe adaptarse. De lo contrario, los países en desarrollo solo podrán seguir exportando esencialmente materias primas que luego son procesadas en los países industrializados. En Suiza, los mejores ejemplos de ello son el café y el cacao.

Para logar un mayor desarrollo económico de los países pobres es fundamental que aumenten las exportaciones de productos procesados porque son bienes que generan empleos locales y valor añadido.

Sin embargo, las tarifas arancelarias no son el único problema. A menudo, las normas exigidas, como los certificados de origen o las normas medioambientales y sanitarias, también constituyen un obstáculo para exportar a los países del Norte. Por ello, es importante que Suiza, en el marco de su cooperación al desarrollo, ayude a los productores locales para que cumplan estas normas.

En resumen, es muy importante que los países industrializados no destruyan los mercados locales con sus exportaciones. Pero también lo es que el Norte ayude a los países en desarrollo a cumplir las directivas de exportación, especialmente en lo que respecta a los productos procesados, para que pueden participar en el mercado mundial a precios justos. Solo cuando se atiendan estas cuestiones, el comercio podrá contribuir a la consecución de los objetivos de desarrollo de las Naciones Unidos. Y mi lema es: comercio justo en lugar de libre comercio.

Traducción del francés: Andrea Ornelas

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