Navigation

Democracia

Test mundial de estrés para la libertad de expresión

Un pilar fundamental de la democracia se tambalea. Hoy día es fácil encontrar en cualquier lugar del mundo gobiernos que no protegen el derecho a la libertad de expresión. Las personas y los grupos se expresan con odio y de forma discriminatoria en nombre de la libertad de expresión. En Suiza, los ciudadanos tienen que tomar, en repetidas ocasiones, decisiones vinculantes sobre la libertad de expresión. Un arriesgado paseo por la cuerda floja.

Este contenido fue publicado el 19 agosto 2021 - 12:40

En principio, todo parece estar muy claro. Tanto la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, como el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 1966 afirman en su artículo 19: "Todo individuo tiene derecho a la libertad de expresión; este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideración de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección".

En Europa, el Convenio Europeo de Derechos Humanos de 1950 confirmó la libertad de expresión como un derecho vinculante en su artículo 10. Suiza consagra esa libertad fundamental en el artículo 16 de su Constitución de 1999.

En la práctica, sin embargo, muchas cosas siguen siendo oscuras. Esto quedó meridianamente claro tras los impactantes acontecimientos que rodearon el cambio de poder en la presidencia de EE.UU. a principios de 2021.Y también el debate en diez idiomas que abrió swissinfo.ch este verano refleja que la cuestión de la libertad de expresión tiene múltiples facetas.

Sin embargo, en nuestro país los medios de comunicación y los profesionales de la comunicación también están sometidos a presión. Un ejemplo de ello lo constituye una revista del cantón de Vaud especializada en delitos de cuello blanco. En un año, los dos fundadores de Gotham City fueron llevados a juicio en cinco ocasiones por un administrador de bienes y fortunas con sede en Ginebra. Finalmente, se dictó sentencia en contra, prohibiendo la publicación. Para los periodistas amonestados, se trata de un "ataque a la libertad de prensa".

En Suiza, los ciudadanos participan en repetidas ocasiones en amplios debates sobre las posibilidades y los límites de la libertad de expresión en el marco de los derechos populares de la democracia directa (iniciativa popular y referéndum), y los resultados de las votaciones tienen efectos vinculantes. Este caminar por la cuerda floja con este pilar fundamental de la democracia moderna es arriesgado, pero forma parte de la cultura política del país. Todo el mundo es consciente de ello.

En 2021, varios miembros del G20, como Brasil, India y Turquía, figuran ya entre los países que han pasado de ser democracias a autocracias, según el Instituto de investigación V-DemEnlace externo, con sede en Gotemburgo. En estos países, cada vez con más frecuencia, no solo los periodistas son objeto de medidas de censura por parte de las autoridades, sino también los dibujantes que intentan poner a prueba los límites de lo permisible con sus caricaturas.

El test de estrés para la libertad de expresión también incluye el ascenso de líderes populistas antiliberales como el presidente brasileño Jair Bolsonaro, aunque ahora se le oponen fuerzas de su propio país, que apuestan por un discurso democrático orientado a una participación ciudadana más activa y, por tanto, más democrática. En todo el mundo, la gente está comprometida con el derecho a la libertad de expresión, y en condiciones muy diferentes, como ilustra nuestra gira mundial de las "Voces de la Libertad":

A esto hay que añadir que en el mundo transfronterizo de Internet las empresas tecnológicas internacionales y algunos gobiernos nacionales mantienen un enfrentamiento mutuo. Ambas partes pretenden evocar al menos una apariencia de democracia: por un lado, el "Consejo de Supervisión Independiente" de Facebook, por el otro, la Autoridad Reguladora de protección de datos de la Comisión Europea. Al igual que en las primeras décadas de Internet -cuando los nombres de los dominios eran asignados por la ONG ICANN, organizada de forma relativamente democrática-, una asamblea mundial de ciudadanos online podría ahora hacerse cargo de la regulación de Internet. La ciudad de Ginebra, en Suiza, se ha ofrecido para ser sede de este organismo.

El ritmo de las comunicaciones ha aumentado. "Por eso, la respuesta pública a la desinformación y al discurso del odio tiene que ser rápida", afirma la ministra de lo Digital de Taiwán, Audrey Tang, en una entrevista con SWI swissinfo.ch: " Al cabo de una sola noche, la gente ya ha asociado esos memes virales con la memoria a largo plazo". Pero no sólo importa la rapidez, sino también el carácter de la respuesta: "Si en el mismo ciclo -digamos, en unas pocas horas- lanzamos una respuesta humorística que motive a la gente a compartir la alegría en lugar de odio, discriminación o venganza, la gente se siente mejor.”

Compartir este artículo

Únase a la conversación

Con una cuenta de SWI, tiene la oportunidad de contribuir con comentarios en nuestro sitio web.

Conéctese o regístrese aquí.