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Peticiones: ineficaces aparentemente, pero fundamentales

La aparente falta de eficacia de las peticiones, que no está asociada a ningún compromiso jurídicamente vinculante, no ha impedido su popularidad. En Suiza, el número de peticiones ha aumentado en las dos últimas décadas. Keystone / Martial Trezzini

Las peticiones son la tradición democrática más antigua de Suiza. Todos los años se siguen presentando al Parlamento varios miles de firmas avalando distintas peticiones. Un análisis más detallado de la base de datos revela cómo han cambiado los peticionarios y los temas a lo largo del tiempo.

Este contenido fue publicado el 26 mayo 2021 - 08:57

El derecho de petición se remonta al menos a la época en que Egipto construía sus pirámides. Los trabajadores contratados para arrastrar bloques de varias toneladas pedían mejores condiciones de trabajo. La práctica sobrevivió a lo largo de los siglos, y en la Edad Media los súbditos solicitaban a su rey o emperador que atendiera sus quejas. Este derecho se inscribió en la Constitución suiza en 1848, año en que Suiza se constituyó como Estado federal.

A diferencia del referéndum y la iniciativa popular (implantados en 1874 y 1891), las peticiones no requieren una votación a nivel nacional ni una respuesta formal por parte del gobierno.

Herramientas de la democracia directa

  • Iniciativa popular: los ciudadanos pueden solicitar una modificación de la Constitución suiza recogiendo 100 000 firmas de electores en un plazo de 18 meses. Si el Parlamento decide que la iniciativa es válida, es sometida a votación popular en todo el país.
  • Referéndum: los ciudadanos que no estén de acuerdo con una ley aprobada por el Parlamento deben reunir 50 000 firmas válidas en el plazo de 100 días a partir de la publicación oficial de la ley para someterla a votación popular en todo el país.
  • Petición: cualquier persona puede iniciar y firmar una petición, sobre cualquier tema, y no se requiere un número mínimo de firmas. No hay un formulario predefinido, no da lugar a una votación y las autoridades solo deben acusar recibo de la petición, pero no están obligadas a responder.
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La aparente falta de eficacia de esta herramienta, que no está asociada a ningún compromiso jurídicamente vinculante, no ha impedido su popularidad. Las autoridades suizas han recibido y tramitado un gran número de peticiones en las dos últimas décadas. Con tan solo 9 en 1999 y hasta 68 en 2012, los temas varían desde la solicitud de medidas contra una supuesta invasión de cormoranes hasta la aclaración de la posición de Suiza sobre los abusos de los derechos humanos en el extranjero.

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¿Quién presenta las peticiones?

La mayoría se presenta en nombre de grupos y organizaciones, que van desde grupos bíblicos o pequeñas asociaciones de derechos de los animales hasta influyentes sindicatos. El Parlamento de los Jóvenes, que representa a las personas de 12 a 30 años, ha presentado por sí solo unas 150 peticiones desde su fundación en 1991. Al ser normalmente demasiado jóvenes para participar en política a través de los canales oficiales, los 200 integrantes de la asamblea anual de la juventud presentan como peticiones muchas de sus demandas, que exponen durante varios días en la cámara baja, el Consejo Nacional.

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También son muchos los individuos que inician peticiones, en su mayoría hombres. Algunos de ellos han utilizado ya varias veces este instrumento para hacer oír su voz en el Parlamento. Una de las voces más prolíficas presentó 22 peticiones en su nombre.

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Maggie Blackhawk, profesora adjunta de la Universidad de Pensilvania, ha estudiado el perfil de los peticionarios al Congreso de los Estados Unidos hasta 1950. Los resultados de su investigación son muy interesantes. Muestran que en Estados Unidos las mujeres y los grupos minoritarios eran normalmente los que presentaban peticiones.

"Históricamente (en todo el mundo) el derecho de petición ha sido un espacio que no se consideraba mayoritario. Era un contrapunto al derecho de voto, un complemento al mismo, un espacio para que las personas situadas en los márgenes de la sociedad participaran en el proceso de elaboración de leyes, sin tener que considerar su propio peso político", señala. "Parece que ese mecanismo de representación se ha perdido en la Suiza actual". Una lectura completa realizada por SWI swissinfo.ch de las peticiones presentadas en los últimos 30 años muestra que no hay muchos nombres extranjeros entre los peticionarios.

Hoy en día, las mujeres rara vez son autoras únicas de peticiones. Con cuatro registradas a su nombre, Regula Heinzelmann, bloguera y escritora, es la mujer que más peticiones ha presentado en Suiza en los últimos 30 años. "Si tengo la impresión de que un tema (que trato en mi blog) tiene buena acogida, me siento obligada a expresar públicamente la opinión de mis lectores, por ejemplo, a través de una petición", explica esta abogada retirada. "Al fin y al cabo, estoy jubilada, así que puedo hacer algún trabajo voluntario".

Dado que las peticiones permiten a cualquier persona –independientemente de su edad, nacionalidad o derecho a voto– acceder al debate político, estas no solo aparecen como una herramienta fundamental de la libertad de expresión, sino posiblemente como una manifestación de la democracia en su forma más pura. En la Constitución de Estados Unidos, en la que se basa la ley fundamental suiza, el derecho de petición se menciona explícitamente en la Primera Enmienda, comúnmente conocida por garantizar la libertad de expresión. Sin embargo, el derecho al voto no se menciona explícitamente. "Eso debería ayudarnos a ver la petición como un complemento del derecho de voto y a la par con él, en lugar de algo que está subsumido en él", dice Blackhawk.

Regula Heinzelmann es consciente de que las peticiones no suelen tener consecuencias políticas. Para evitar ese callejón sin salida, trata de no iniciar una petición para cada tema, sino que sigue el programa parlamentario. Para el diputado y copresidente del Partido Socialista Cédric Wermuth, la elección del momento oportuno es clave. "En lo que parece el 80% de los casos, el problema no es que el Parlamento no quiera tratar el tema, sino que la petición llega en un momento en que el proceso parlamentario está demasiado avanzado".

Cuanto más frecuente, más grande: lo que se solicita en las peticiones presentadas al Parlamento Federal. Jonas Glatthard / swissinfo.ch

El propio Cédric Wermuth es uno de los pocos parlamentarios en activo cuyo nombre aparece como autor de una petición. Pero no quiere considerarse una excepción: de hecho, muchas organizaciones que presentan peticiones están respaldadas por políticos en activo.

Los números cuentan

El 15 de mayo de 2021, varios sindicatos y grupos feministas entregaron una petición, firmada por 300 000 personas, contra el aumento de la edad de jubilación. Keystone / Peter Schneider

Aunque no se exige una cantidad mínima de firmas, una petición firmada por muchas personas tendrá probablemente un peso diferente al de una carta individual. "Es otra forma de generar presión, es como decir que si haces esto ahora, habrá mucha gente que no estará de acuerdo contigo", explica Wermuth. "Esto puede poner en peligro un proyecto de ley, ya que está indicando que una decisión tomada por el Parlamento podría ser cuestionada posteriormente por un referéndum. Una petición puede ser la fase previa a un referéndum".

Dado que las firmas para los referendos o las iniciativas populares tienen que recogerse en poco tiempo, disponer de una red de personas con ideas afines es crucial para el éxito del proceso. La firma de una petición, ya sea online o en papel, puede contribuir a la creación de esa red. "En ciertas cuestiones se trata en primer lugar de que la gente opine y hable del tema. Si se desea a continuación construir una comunidad, las peticiones son muy valiosas", confirma Daniel Graf, fundador de WeCollect, una plataforma online suiza para la recogida de firmas. Sin embargo, esta plataforma no recoge firmas para peticiones: "Si nos fijamos en los cambios concretos que provocan las peticiones, su efecto es escaso".

La presentación de una petición también puede convertirse en un acto mediático con el objetivo de llamar la atención. Los peticionarios posan delante de todas las firmas que han recogido, y a menudo se empeñan en llamar la atención del público, ya sea con máscaras y banderas de colores o con algún truco publicitario con animales.

Peticiones en todo el mundo

El Parlamento Europeo permite también a cualquier persona que viva en un Estado miembro presentar una petición que debe referirse a uno de los 44 ámbitos políticos de la UE. Sin embargo, los requisitos y la eficacia de las peticiones pueden variar de un país a otro: en el Reino Unido, una petición debe estar firmada por 100 000 personas antes de que se considere su debate en el Parlamento. En Austria tiene que ser respaldada y presentada por un miembro del Parlamento para que pueda ser debatida.

En algunos países, el derecho de petición puede ser diferente en la teoría y en la práctica. En China, la petición es una tradición que se remonta a los inicios del imperio chino, donde el poder central podía históricamente atender las quejas que las autoridades locales habían desestimado. Sin embargo, algunos informes de investigación han sacado a la luz actuaciones ilegales que pretenden impedir que los ciudadanos denuncien las injusticias locales al gobierno central mediante la violencia y la intimidación.

El valor democrático de las peticiones

"La importancia del derecho de petición es fundamental para la legitimidad del marco democrático y del proceso democrático. Porque si se tiene una democracia que solo representa a unas personas, pero gobierna a todas las demás sin darles ninguna forma de representación, eso para mí representa un problema como proceso democrático", dice Maggie Blackhawk. "Eso no suena igualitario para todo el mundo. Suena más bien a que algunas personas regulan a otras".

Hoy en día, en Suiza, las peticiones sirven principalmente como vehículos de campaña para políticos establecidos o para algunos hombres suizos. Pero el potencial permanece intacto: las peticiones siguen estando abiertas a todo el mundo.

Traducción del inglés: José M. Wolff

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