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Identidades

LGBTIQ: Suiza se pone al día

El 26 de septiembre de 2021 quedará en la memoria como un día histórico en el que Suiza dio un paso decisivo hacia la igualdad de los derechos de las personas homosexuales. Con el 64% de los sufragios, el pueblo dio un gran sí al matrimonio igualitario. Así, la Confederación Helvética pone fin  a un retraso respecto a otros países europeos. 

Este contenido fue publicado el 29 septiembre 2021 - 08:50
Paula Troxler (ilustración)

Dos hombres o dos mujeres tienen ahora derecho a casarse en Suiza y formar una familia. La Confederación, que estaba entre los cuatro últimos países de Europa Occidental que no habían dado el paso, adoptó finalmente este importante cambio social por amplia mayoría. 

El 64,1% de las ciudadanas y los ciudadanos votó a favor de una enmienda al Código Civil que legaliza el matrimonio para las parejas del mismo sexo. Tras la aprobación de la nueva legislación por el Parlamento, el pueblo votó en referéndum presentado por la derecha conservadora y los círculos evangélicos. 

Desde 2007, los gays y las lesbianas podían constituir una pareja registrada. Sin embargo, esta forma de unión civil no les confiere los mismos derechos que a los heterosexuales. 

Cuando el matrimonio para todos entre en vigor en julio de 2022, las parejas del mismo sexo podrán casarse, adoptar un hijo y tener acceso a la naturalización facilitada. Las parejas casadas también tendrán acceso a la donación de esperma. Como la ley suiza prohíbe la donación anónima, el niño podrá conocer la identidad del donante a los 18 años, y ambas mujeres serán reconocidas como madres desde su nacimiento. Sin embargo, si utilizan un banco de esperma en el extranjero, solamente se reconocerá a la madre biológica

Con la adopción de esta nueva ley, Suiza demuestra su apertura. Aunque antes de la votación estaba rezagada, el acceso a la reproducción médicamente asistida para las parejas de lesbianas le permite incluso ir más allá que algunos de sus vecinos. 

Para conquistar estos nuevos derechos, las asociaciones de defensa de los derechos de las personas homosexuales han tenido que luchar durante 40 años. Aunque sus reivindicaciones siempre han chocado con los círculos cristianos ultraconservadores, las iglesias tradicionales se mostraron en su día más abiertas que el mundo político.

La última pequeña victoria de la comunidad LGBTIQ tuvo lugar el 9 de febrero de 2020. Ese día la población suiza acordó en las urnas castigar la discriminación basada en la orientación sexual y el racismo.

Millares de familias homosexuales de Suiza, esperaban el matrimonio para todas y todos. Con él adquieren una mayor protección legal. 

No obstante, a pesar de los progresos continuos de la sociedad para aceptar la homosexualidad, la homofobia sigue siendo un problema en Suiza. La discriminación y los ataques verbales y físicos por la orientación sexual o la identidad de género marcan, todavía hoy, el camino de algunas personas.

“La característica de la homofobia y la transfobia es que el rechazo puede provenir de la propia familia”, dice Caroline Dayer, experta en cuestiones de violencia y discriminación, de género e igualdad. 

Además, algunos movimientos religiosos ultraconservadores siguen siendo especialmente intolerantes hacia las minorías sexuales y, de manera más o menos transparente, practican a veces las terapias de conversión.  

En los últimos años se han puesto en marcha medidas para combatir la homofobia, sobre todo en el contexto escolar. Son, a menudo, iniciativas privadas basadas en el voluntariado, como la de la asociación bernesa ABQ.

En el pasado, Suiza estuvo a la vanguardia de los derechos de las personas LGBTIQ. En 1942 (en un momento en que en los países vecinos la represión contra las personas homosexuales era feroz) Suiza despenalizó la homosexualidad. Y cuando en 2007 introdujo la unión registrada [las parejas de hecho], la Confederación se convirtió en el primer país del mundo en reconocer de forma directa y masiva a las parejas del mismo sexo. El 58% votó a favor.  

Desde enero de 2018, las personas homosexuales tienen derecho a adoptar al hijo (o hija) de su pareja. Sin embargo, ser pareja inscrita no pone en el mismo plano de igualdad a las personas homosexuales y a las heterosexuales. Ya que esta unión civil no permite a las parejas del mismo sexo adoptar o beneficiarse de la reproducción asistida. Esto hace que muchas parejas opten por soluciones alternativas, y sobre todo que recurran a bancos de esperma en el extranjero.

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