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Lenguaje inclusivo, ¿debe decidirse en las urnas?

Estudios de la RTS en Ginebra: la televisión quiere que sus periodistas utilicen un lenguaje más inclusivo. © Keystone/laurent Gillieron

Mientras los medios de comunicación (tanto públicos como privados) intentan comunicar con neutralidad de género, hay quien dice que esto es una distracción de los problemas reales. ¿Cómo se puede legislar en materia lingüística?

Este contenido fue publicado el 16 julio 2021 - 09:03

En febrero, la radiotelevisión pública suiza en francés, RTS, presentó nuevas directrices periodísticas en torno al lenguaje no sexista. El “Buenas noches a todos” (“Bonne soirée à tous”) a la hora de presentar los programas de televisión o radio, por ejemplo, ha quedado para la historia y la opción elegida ahora es “Buenas noches a todas y todos” (“Bonne soirée à toutes et à tous”).   

El anuncio ha suscitado numerosos debates y críticas en internet. Críticas que van desde la forma en que la RTS ha presentado la recomendación (en un vídeo bastante desenfadado), hasta el carácter antiestético de las nuevas formas de “escritura inclusiva” o en torno a la cuestión más general del papel que en una democracia tienen los medios de comunicación públicos y el lenguaje. Para el periódico Le Temps la decisión es un “acto militante” que “impondrá a los espectadores y oyentes una determinada visión del mundo”. 

Cuando la radiotelevisión pública suiza en alemán, SRF, decidió actualizar su uso del lenguaje, el debate se extendió al resto del país. El Tages-Anzeiger publicó una serie de artículos sobre el lenguaje neutral en cuanto al género, incluyendo una encuesta “no representativa” pero bien respondida, que encontró poco apoyo a las nuevas formas de inclusión en el alemán escrito*. Más allá de la prensa, la cuestión también llegó al Parlamento de la ciudad de Zúrich (donde se rechazó) e incluso al Parlamento nacional (véase más adelante).   

*Mientras en alemán la palabra “médicos” habitualmente es “Ärzte”, por ejemplo, se sugieren formas plurales que incluyen ambos géneros: “Ärzt*innen” o “ÄrztInnen”. En francés, para “estudiantes” se propone la forma inclusiva “étudiant-e-s” en lugar de “étudiants”.

Iniciativa popular

Quienes lo proponen esgrimen argumentos sencillos: el lenguaje determina cómo vemos, definimos y clasificamos la realidad. Si se hace que el lenguaje sea más igualitario, la realidad también será más igualitaria. Pero ¿quién debe dictar qué lengua hay que utilizar de entrada? ¿Deben decidirlo las autoridades, desde arriba? ¿Se puede “imponer” la lengua o debe surgir del uso público? ¿Se puede legislar el lenguaje, y en una democracia directa, se puede votar sobre el mismo?  

Tras el anuncio de la RTS, la sección suiza de la asociación Defensa de la lengua francesa (DLF) publicó una carta abierta dirigida a la dirección de RTS, protestando por la decisión y prometiendo iniciar una iniciativa popular para “prohibir en Suiza el uso de la redacción inclusiva”. La medida, según DLF, supone una “militarización” del lenguaje y una “trampa fatal para la lengua francesa”. El grupo hizo referencia a la Academia Francesa –el organismo de control lingüístico de Francia–, que se ha mostrado poco entusiasta respecto a las escrituras neutras en cuanto al género.      

Aurèle Challet, presidente de la DLF suiza, dice a SWI swissinfo.ch que espera poner en marcha la iniciativa popular en octubre en Ginebra. “La democracia directa significa implicar directamente a la gente en la toma de decisiones”, afirma Challet. Pero en realidad el lenguaje inclusivo, por su complejidad, excluye a la gente. Para él, todo el debate es un debate “falso”, que no aborda los “problemas fundamentales” de la desigualdad de género. El texto de la iniciativa propondrá prohibir en todo el país el uso del lenguaje inclusivo en las comunicaciones oficiales estatales o cantonales.     

Una cuestión que viene de atrás

Pero ¿una iniciativa de este tipo llega demasiado tarde? En Suiza hace por lo menos dos décadas que se lleva promoviendo el lenguaje neutral a nivel nacional, tal y como muestra una guía oficialEnlace externo (en francés) del año 2000. Una ley federal de 2007Enlace externo determina que las autoridades federales deben utilizar en sus comunicaciones una redacción “de género adecuada”, mientras que varios cantones, entre ellos el cantón de Vaud, también tienen directrices al respecto. Las universidades llevan años promoviendo este tipo de lenguaje. El semanario WOZ, con sede en Zúrich, utiliza un alemán neutro en cuanto al género desde los años 80; y recientemente Le Courrier, un periódico de izquierdas de Ginebra, ha hecho un cambio similar.

Benjamin Roduit, profesor de francés y diputado del grupo parlamentario Alianza del Centro, sin embargo, se muestra escéptico. En una moción presentada en marzo, escribió que “la proliferación de marcas ortográficas y sintácticas que implica [una escritura inclusiva de género] conduce a una lengua desunificada, desarticulada en su expresión, y que crea una confusión que conduce a la ilegibilidad”.

Roduit también quiere que en las comunicaciones oficiales el Gobierno evite el uso de estas formas. “No se puede inventar una lengua”, dice a SWI swissinfo.ch. Al igual que la DLF, habla de la importancia de que la lengua se base en una “serie de reglas básicas que toda la población pueda entender y suscribir”. Sería ir demasiado lejos cambiar la estructura y la gramática de una lengua con fines de igualdad.   

A diferencia de la DLF, Roduit es menos partidario de una votación popular. “Como país multilingüe, Suiza no está bien situada en esto”, señala. Es decir, sería difícil plantear una cuestión en torno a la regulación coherente para cuatro lenguas diferentes al mismo tiempo. Roduit considera que el camino a seguir es a través de “una mejor reflexión, no necesariamente una votación”.

Sus avances en el Parlamento hasta la fecha han sido menores: nueve personas, todas ellas de cantones francófonos, han firmado la moción. El Gobierno, por su parte, la ha rechazado, remitiendo a la Ley Federal de la Lengua (mencionada anteriormente), y también ha recordado a los diputados que esa lengua ya existe desde hace tiempo.  

“Modelo a seguir”

Valérie Vuille, directora de Décadrée, un instituto de investigación que promueve la igualdad en los medios de comunicación, afirma que sería “violento” prohibir prácticas lingüísticas mediante una votación popular. La lengua es algo muy “personal y orgánico”. No es algo que deba legislarse en exceso, argumenta. La institución de Vuille asesora y apoya a las asociaciones y medios de comunicación que en sus textos quieren ser más neutrales, Le Courrier, entre ellos.

Décadrée también trabaja con la RTS. Pero mientras un periódico privado puede escribir como quiera, ¿puede una cadena pública cambiar sus prácticas sin consultar al público? Para Vuille, el caso de la RTS no es una “imposición” (como lo sería una ley), sino una “forma de dar ejemplo” a los periodistas, lo que a ella le parece bien, sobre todo porque la RTS, como medio de comunicación público, está en la posición de ser un “modelo a seguir”.

En el Parlamento la ministra de Telecomunicaciones, Simonetta Sommaruga, defendió la autonomía de los medios de comunicación públicos para tomar este tipo de decisiones. Y dijo que RTS es libre “de decidir qué palabras y expresiones utiliza en sus programas”.

Emocional

¿A qué se deben las reacciones tan acaloradas en torno a la cuestión? Noah Bubenhofer, profesor de lingüística de la Universidad de Zúrich, explica que “todas las personas utilizamos el lenguaje, y por tanto todas tenemos una opinión en torno a él”. Para Bubenhofer, la lengua, al ser tan clave para la identidad, es aún más sensible que otros temas. “Mucha gente ve la lengua como un contenedor del mundo”, dice. Y para la mayoría de nosotros es “un sistema muy estable”. Alterar el sistema provoca resistencia. “La gente suele ser conservadora en lo que respecta al lenguaje”, afirma.  

Pero Bubenhofer también señala que las lenguas cambian con el tiempo, a menudo por razones meramente pragmáticas (el auge de la impresión tipográfica, por ejemplo, conllevó una mayor uniformidad lingüística, ya que para llegar a un público más amplio había que escribir en un estilo más sencillo y accesible). Y también indica que “cuando una lengua no evoluciona, muere”. Y aunque no piensa que una votación popular sea una medida acertada –“la lengua es un proceso demasiado vivo como para que lo inmovilice una ley”, dice–, sí afirma que es importante celebrar debates, para “sensibilizar” a la población sobre lo que está en juego.

Con este objetivo, Bubenhofer menciona estudios –en alemán– que demuestran que los estereotipos de género se refuerzan, o al menos se reflejan, en el lenguaje. Así, cuando la gente escucha, por ejemplo, la palabra “Arzt” (médico, en la forma genérica masculina), tiende primero a pensar en un hombre. Los estudios de género en torno a otras lenguas sugieren resultados similares. En 2015, por ejemplo, Suecia introdujo la palabra “hen” como tercer pronombre neutro para referirse a alguien de género desconocido o no declarado (similar a la tercera persona neutra “they” en inglés). “Hen” ha sido todo un éxito: con el tiempo, las reticencias iniciales se han diluido y su uso se ha generalizado.   

“Una herramienta entre otras”

Es fácil, evidentemente, encontrar países en los que una baja puntuación en igualdad de género (según el informe Global Gender Gap del Foro Económico Mundial, por ejemplo) no está vinculada a lo sexista que pueda ser su idioma. Turquía e Irán, que hablan lenguas “sin género” (es decir, los sustantivos no son ni masculinos ni femeninos), no son paradigmas de los derechos de la mujer.

Valérie Vuille (del instituto Décadrée), junto con otras personas que defienden esta postura, dice que la lengua, en última instancia, es “una herramienta entre otras”. No es la panacea para una sociedad igualitaria, sino una parte “esencial” del esfuerzo. Y, en cuanto a los actuales debates y el futuro de estas formas de escribir y expresarse, reconoce que las cosas ya están cambiando. El ruido reciente no es un reflejo de que todo esto marque un nuevo debate, sino más bien una señal más positiva de que ya se ha “democratizado” en cierta medida y se ha trasladado a la esfera pública general, señala Vuille. 

Traducción del inglés: Lupe Calvo

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