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La diplomacia científica suiza se lanza al mar para proteger los corales

Los corales son la base del ecosistema de los arrecifes. Si mueren, el resto de las especies vivas correrá la misma suerte. EPFL/Maoz Fine

¿Qué hace que los corales del golfo de Aqaba, en el mar Rojo, sean resistentes al aumento de las temperaturas? ¿Y cómo se pueden proteger? Un proyecto científico y diplomático suizo pretende averiguarlo haciendo que los países de la región colaboren. La salida de la embarcación ‘Fleur de Passion', el 13 de julio*, marca el inicio de una misión única.

Este contenido fue publicado el 15 julio 2021 - 08:52

Nick (nombre real conocido por la redacción) es un pólipo de coral. Junto con una miríada de hermanos ha construido una estructura de carbonato de calcio de la que se siente especialmente orgulloso. Pero Nick tiene un problema: tiene hambre.

Desde hace algún tiempo hace calor, mucho calor. Esto le ha estresado. Se ha puesto nervioso y se ha peleado con sus zooxantelas, las algas unicelulares con las que vive en simbiosis. Y estas lo han abandonado sin contemplaciones, dejándolo pálido y, sobre todo, hambriento. Y si sus zooxantelas no regresan, pólipo no podrá sobrevivir mucho tiempo.

La situación de Nick, un orgulloso constructor de arrecifes de coral, no es un caso aislado. La decoloración de los corales es uno de los efectos más evidentes y devastadores del calentamiento global.

Cuando la temperatura del agua aumenta, aunque solo sea dos grados centígrados, la simbiosis entre el coral y las algas que lo alimentan y le dan color se rompe. El coral se blanquea y, si la situación persiste, muere.

Por esta razón (pero también debido a la contaminación, la sobrepesca o el simple daño físico), en los últimos 30 años ha desaparecido la mitad de los arrecifes de coral respecto a la época preindustrial. Los científicos calculan que en 2050 solo quedará el 10% de este ecosistema, una de las joyas más preciadas de la biodiversidad del planeta.

Supercorales

Sin embargo, hay un lugar en el que la relación simbiótica entre los constructores de coral como Nick y las algas unicelulares que los alimentan parece ser especialmente resistente al aumento de las temperaturas: el golfo de Aqaba.

Contenido externo

Hace cuatro años, un estudio demostróEnlace externo que los corales de este rincón del mar Rojo no se blanquean aunque la temperatura aumente cinco grados centígrados.

“Podría ser uno de los últimos arrecifes que queden vivos a finales de siglo”, dice el científico danés Anders Meibom, director del laboratorio de geoquímica biológica de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL) y uno de los autores del estudio.

En 2017, Meibom hizo un llamamiento para pedir que se estudiara a fondo este último “refugio” para los corales y que los gobiernos de los países ribereños del golfo cooperaran para salvaguardarlo.

Pero del dicho al hecho no solo hay un trecho de mar, sino que está también la geopolítica.

Pero del dicho al hecho no solo hay un trecho de mar, sino que está también la geopolítica.

Cooperación internacional

Los países ribereños del golfo de Aqaba (Jordania, Israel, Egipto y Arabia Saudí) y del mar Rojo en general no tienen relaciones idílicas. Y aquí es donde Suiza juega un papel.

En 2019 se creó en la EPFL el Transnational Red Sea CenterEnlace externo, (TRSC Centro de Investigación Transnacional del Mar Rojo), que dirige el profesor Meibom y cuyo objetivo es estudiar y salvaguardar los corales del golfo de Aqaba.

El proyecto combina ciencia y diplomacia. El Ministerio suizo de Asuntos Exteriores utiliza los medios diplomáticos a su alcance para convencer a todos los países ribereños del mar Rojo de que cooperen.

“En Suiza, la cultura de los buenos oficios y una política de paz activa se conjugan con un alto nivel académico”, explica a SWI swissinfo.ch Lukas Gasser, embajador suizo en Jordania. Según el diplomático, estas características de Suiza se adaptan muy bien al contexto del mar Rojo, donde la protección de un ecosistema marino único en el mundo depende de la cooperación entre países que “han tenido relaciones bastante conflictivas en las últimas décadas”.

“Jordania ha respondido con celeridad y entusiasmo”, agrega el embajador. “Estamos en contacto con todos los demás países de la región, que han acogido nuestra iniciativa con interés. Todavía hay que persuadirlos, pero esperamos convencerlos a todos. Se trata de una oportunidad de importancia mundial que la región del mar Rojo no puede dejar pasar”.

Un grupo internacional

A finales de junio, una ceremonia en Aqaba marcó el inicio efectivo de la misión científica y la participación de Jordania.

El 13 de julio zarpó de Aqaba un antiguo dragaminas construido en Bremen (Alemania) durante la Segunda Guerra Mundial. Su misión, sin embargo, es muy diferente de aquella para la que fue construido. A bordo de la embarcación no estará la marina alemana, sino un equipo internacional de científicos.

El barco, rebautizado 'Fleur de Passion', es la base logística del TRSC y se utilizará para estudiar los supercorales del golfo de Aqaba, pero no solo eso. El proyecto pretende sembrar la semilla de la colaboración transnacional en la región y establecer una red de formación para jóvenes científicos.

El ‘Fleur de Passion’ ha sido puesto a disposición por la Fundación Pacífica de Ginebra, de cuya flota forma parte desde 2009. El velero dragaminas del tipo Kriesfischkutter (KFK), construido en 1941, fue cedido a Francia en 1945, y luego desmantelado y convertido en un velero Ketch para uso privado en 1976. Desde 1980 acoge proyectos científicos franceses. En la actualidad es la base logística del proyecto TRSC. Transnational Red Sea Center/Fabiano D'Amato

Actualmente están previstas cuatro expediciones de tres meses durante el período más cálido (julio-septiembre), una vez al año hasta finales de 2024. La primera tripulación estará compuesta por investigadores de Suiza, Francia, Israel, Reino Unido y Sudán.

Sin precedentes

En concreto, los investigadores realizarán análisis genéticos de los corales, determinarán su resistencia térmica y analizarán la calidad del agua en el mar Rojo (presencia de microplásticos, metales y otros contaminantes orgánicos).

El alcance del proyecto no tiene precedentes. Los estudios realizados hasta la fecha en la región se han limitado a analizar áreas muy pequeñas con metodologías diferentes y, por lo tanto, difíciles de comparar.

La ambición del TRSC es generar un conjunto de datos consistente que pueda servir como estándar de referencia para futuros estudios sobre el ecosistema del mar Rojo. De hecho, los resultados se pondrán a disposición de la comunidad científica y podrán utilizarse para evaluar el impacto ambiental de proyectos futuros o en curso en la región.

“El mar Rojo es pequeño y el golfo de Aqaba lo es aún más. Cualquier forma de contaminación se extendería rápidamente sin importar las fronteras nacionales y mataría a los corales de forma indiscriminada”, advierte el profesor Meibom. “Los corales de Aqaba representan la última oportunidad de la humanidad para preservar los arrecifes de coral para las generaciones futuras, pero esto requiere un esfuerzo estratégico a nivel regional y transnacional”, agrega.

En resumen, puede que no sea demasiado tarde para el pólipo Nick. Sus congéneres en el mar Rojo podrían aportar información valiosa para que los grandes arrecifes de coral no sean un simple recuerdo. Pero hay que protegerlos de la contaminación y la destrucción. Si nuestros bisnietos llegan a disfrutar de este espectáculo de la naturaleza, puede que sea porque la diplomacia suiza tuvo algo que ver en ello.

*La salida del Fleur de Passion de Aqaba estaba prevista para el 15 de julio, pero se adelantó al 13 de julio.

Traducción del italiano: Belén Couceiro

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