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La desesperación de quienes votan a los populistas de derecha

Christian Lutz

Las personas pobres se mantienen alejadas de las urnas o son más propensas a votar a los populistas de izquierda. El ascenso de los partidos populistas de derechas en Europa no tiene que ver con la pobreza, sino con otros factores.

Este contenido fue publicado el 19 julio 2021 - 08:35
Sibilla Bondolfi (texto), Christian Lutz (fotos), Ester Unterfinger (redacción de fotografía)

Para los populistas, la sociedad está formada por un pueblo y una élite. Y como la élite se enriquece y oprime al pueblo, hay que arrebatarle el poder y devolver el control al pueblo.

Se podría pensar que este tipo de discurso encuentra un terreno especialmente fértil cuando existen situaciones importantes de desequilibrio de poder y desigualdad social en una sociedad. Pero esto solo es cierto en parte. A menudo, la gente pobre no vota o vota a un partido populista de izquierdas que promete la redistribución.

¿Cuáles son entonces las preocupaciones de quienes votan a partidos populistas de derecha? ¿Qué les hace ser receptivos a las promesas de la extrema derecha?

El fotógrafo suizo Christian Lutz ha viajado a lugares en Europa donde los partidos populistas de derechas están teniendo un éxito notable. En su libro ‘Citizens’ (Ciudadanos) muestra la desesperación de la gente que vota a estos partidos.

El libro ‘Citizens’ del fotógrafo Christian Lutz

El fotógrafo suizo Christian Lutz ha visitado lugares en Europa donde los partidos populistas de derechas tienen especial éxito: el Partido de la Independencia (UKIP) en el Reino Unido, el Partido Popular Danés (DF), el Partido de la Libertad (FPÖ) en Austria, la Alternativa para Alemania (AfD), VOX en España o la Unión Democrática de Centro (UDC) en Suiza.

Retratos, fotos de mítines, paisajes postindustriales, bares u otros lugares de encuentro: en todas las partes las imágenes reflejan una profunda desesperación. “Con programas manipuladores y demagógicos, los partidos populistas de derechas suelen tener éxito allí donde los ciudadanos y ciudadanas sufren, porque han perdido el trabajo o tienen problemas económicos”, explica Lutz a SWI swissinfo.ch.

En Suiza, la situación es más complicada. “Pasé mucho tiempo en la Suiza central, en el cantón de Nidwalden, donde la Unión Democrática de Centro (UDC) obtuvo más del 80% de los votos en las elecciones al Consejo Nacional [cámara baja del Parlamento suizo] de 2015”, dice el fotógrafo. Allí, la población no sufre, en general, preocupaciones económicas y el nivel de vida es alto. “Los eslóganes y el contenido son los mismos que los de otros partidos populistas de derecha en Europa, pero no se dirigen a la misma gente”, afirma Lutz.

¿De qué tiene miedo esa gente? Según Lutz, tener un trabajo es muy importante en Suiza, y perderlo es una catástrofe. En Suiza lo que prima es mantener un alto nivel de vida mediante el proteccionismo, así como preservar la independencia de la UE. Para el núcleo duro de la UDC – “un club de multimillonarios de Zúrich" –, en cambio, la prioridad son los negocios y la industria. Esto es intolerable, sostiene Lutz. “Podríamos bajar un poco nuestro nivel de vida en aras de una mejor convivencia”.

El fotógrafo no considera que su trabajo sea periodístico, sino documental. “No soy politólogo”, dice. “Expreso desde una perspectiva muy personal mi preocupación sobre estos movimientos en Europa. Para mí son una pesadilla”. Lutz se declara desilusionado: “A mi juicio, hay algo desesperado y desesperante en el funcionamiento de nuestras sociedades”. Como fotógrafo, dice, solo puede enfocar la cámara. Esa es su contribución.

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"Existe un sentimiento generalizado entre los y las votantes de que sus necesidades y preocupaciones están siendo ignoradas y desatendidas por los partidos tradicionales”, dice Anna Grzymala-Busse, directora del Europe Center de la Universidad de Stanford, en California. Esto es lo que hace que la retórica de los partidos populistas sea tan poderosa, porque verbaliza la decepción y la sensación de abandono de la ciudadanía.

Sin embargo, no existe una relación directa con la desigualdad social. “Durante décadas, hemos visto muchos países con desigualdad sin populismo, y populismo en sociedades relativamente igualitarias como Polonia y Hungría”, explica Grzymala-Busse. La mayoría de los y las votantes de los partidos populistas no pertenecen al grupo económicamente más débil, sino que “más bien tienen miedo a la pobreza y a descender en la escala social”.

Pérdida de estatus social

El politólogo suizo Davis Weisstanner, profesor asistente en la Universidad de Aarhus (Dinamarca) e investigador asociado en la Universidad de Oxford, estudia la relación entre el estatus social y el populismo. Según él, las investigaciones sobre el populismo de derechas llegan a conclusiones diferentes. “Algunos estudios muestran que cuando a la gente le va mal económica y socialmente, quiere dar un aviso a los partidos tradicionales votando a los populistas de derecha.” Pero también hay estudios que lo cuestionan. Las investigaciones más recientes identifican otra causa: la pérdida de estatus social.

La percepción subjetiva del propio estatus social tiene más peso que el patrimonio y los ingresos, dice Weisstanner. Esto explica que haya gente de clase media que también vota a los partidos populistas de derechas. Especialmente cuando sienten que su estatus social está amenazado.

Es precisamente este miedo a perder estatus social al que apelan los movimientos populistas de derechas. “Los partidos proponen un programa que da a la gente la sensación de que puede mejorar su estatus social”, explica Weisstanner. Por ejemplo, mediante una clara distinción entre población nativa y extranjera.

Según Grzymala-Busse, esto tiene más que ver con la incapacidad o falta de voluntad de los partidos tradicionales para atender las preocupaciones del electorado que con una situación socioeconómica objetiva. “Los populistas pueden capitalizar este abandono para atizar el miedo y verbalizar las amenazas”.

Suiza, un caso especial

En Estados Unidos y el Reino Unido, la crisis financiera y económica posterior a 2008 generó mucha desigualdad social y cambios económicos que probablemente influyeron en el Brexit y en la elección de Donald Trump. En Suiza, Austria y Noruega, en cambio, el populismo de derechas existe desde finales de los años 80 o principios de los 90.

“Lo que explica el ascenso del populismo en Suiza no son las diferencias económicas, sino factores culturales”, señala Weisstanner. Es cierto que en Suiza hubo una crisis económica precisamente en los años 90, pero más decisivo para el éxito del partido Unión Democrática de Centro (UDC) fue el debate sobre la política europea, según el politólogo. De hecho, en 1992, la ciudadanía suiza rechazó por un estrecho margen de votos el ingreso del país en el Espacio Económico Europeo (EEE).

“No es blanco o negro, sino que suelen interactuar los factores económicos y culturales”, explica Weisstanner. “Las cuestiones de política identitaria suelen cobrar más importancia cuando la situación económica no es buena”.

La era de la educación

Por lo tanto, las fuentes de las que se alimentan los movimientos populistas no son solo la pobreza y el cambio estructural, sino también el descontento de la gente con su estatus en la sociedad o el miedo a perder su identidad.

Según Weisstanner, la percepción del estatus social en las sociedades actuales depende en gran medida de la educación. La formación y el nivel de estudios se han convertido en importantes factores de prestigio. “Hoy en día, muchas personas tienen una mejor educación de la que recibieron sus padres. Pero al mismo tiempo, hay mayores diferencias sociales entre las personas que tienen un nivel alto de estudios y las que no. Esto lleva a la polarización”.

Entre las personas con estudios universitarios, los valores tradicionales como las buenas relaciones familiares o incluso el deseo de formar su propia familia han perdido prestigio. Entre aquellas con un nivel bajo de formación, estos valores tienen un peso mayor, según Weisstanner. “Este cambio en lo que se considera prestigio puede desestabilizar y generar malestar”, concluye el politólogo.

Traducción del alemán: Belén Couceiro

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