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Investigadores quieren evitar las trampas del permafrost

Hubo que proteger la comuna de Pontresina con un dique de 13 m de altura y 460 de largo para impedir flujos torrenciales. Keystone

En el Arco alpino, el calentamiento climático crea mayor inestabilidad en los terrenos. Esta situación implica un reto para los investigadores suizos.

Este contenido fue publicado el 21 marzo 2007 - 09:02

Para responder a los peligros actuales y futuros, el permafrost -o suelo helado de manera permanente- concentra toda su atención.

En los Grisones, Pontresina está protegida por un dique de 13 metros de altura y 460 de largo. Siete millones de francos para evitar un flujo torrencial que podría engullir a ese pueblo de montaña.

Y ello porque más arriba, el suelo helado de manera permanente es susceptible de derretirse lentamente por efecto del calentamiento climático. Toneladas de materiales podrían ser liberadas y arrastradas en caso de precipitaciones fuertes.

El Arco alpino conoció varios episodios de este género desde los años 90 en la base de la zona del 'permafrost', situada actualmente a unos 2.500 m, pero que tiende a aumentar de altitud.

El dique de Pontresina es el resultado del trabajo de científicos que alertaron a las autoridades locales, puesto que si los investigadores suizos estudian los glaciares, el permafrost es otro desafío en relación con el calentamiento.

Entre las universidades de Zúrich, Fribourg y Lausana, el Instituto Federal para el Estudio de la Nieve y de las Avalanchas en Davos (SLF) y algunas oficinas privadas, una veintena de científicos se consagran al estudio de ese suelo cada vez menos congelado.

Este permafrost cubre del 5% al 6% de la superficie de los Alpes, contra el 3% de los glaciares. Es objeto de controles desde hace unos treintena años, además de que desde el 2000 se efectúan medidas continuas de monitoreo.

De 1 a 2 grados

Con la ayuda de decenas de perforaciones a diversas profundidades (hasta 70 m) y mediciones de los materiales desprendidos o la capa activa del suelo (capa de superficie fundida en verano), los científicos han comprobado que el permafrost se recalentó de 1 a 2 grados en el curso del último siglo.

Esta tendencia general al calentamiento tiene matices. "La señal es mucho menos homogénea que la de los glaciares, que se funden todos juntos", explica Reynald Delaloye, en la Universidad de Friburgo.

Para el permafrost, el calentamiento es más importante en las paredes rocosas y las pendientes pronunciadas, por ejemplo, porque en ellas la influencia aislante de la nieve es mínima.

Evacuaciones en el Cervino

Durante la canícula de 2003, las frecuentes caídas de piedras exigieron el cierre del Monte Cervino y la evacuación de decenas de alpinistas bloqueados en la cumbre.

En suelos menos inclinados, la nieve desempeña un papel central. "Todo depende de su distribución espacial y temporal", indica Marcia Phillips, una de los tres especialistas del Instituto Federal de Davos.

Una fuerte cobertura nevosa desde el otoño permitirá al suelo conservar el calor almacenado durante el verano. Inconveniente para el permafrost. En primavera, en cambio, la nieve lo protegerá de los primeros rayos calientes del sol y de las temperaturas más elevadas.

La inestabilidad al menú

Los investigadores conocen mejor ahora la diversidad y el funcionamiento del permafrost. Pero aún falta mucho por investigar.

Al tiempo que continúan estas observaciones permanentes que permiten también las simulaciones de predicción, los investigadores deben conocer más sobre los peligros naturales ligados al permafrost: inestabilidad de las paredes rocosas, desplazamiento de los terrenos helados, etc.

Reynald Delaloye: "si el calentamiento predicho se realiza –hasta 5 grados y más en los Alpes-, podremos encontrar nuevos problemas de inestabilidad en términos de amplitud y de lugares, con efectos hasta en bajas altitudes".

Efectos muy reales

Los impactos económicos, ecológicos y sociales de la fundición del permafrost son difícilmente calculables, más aun cuando esta fundición se conjuga con la variación de las precipitaciones, por ejemplo.

Pero estos efectos son muy reales. Particularmente sobre las infraestructuras a elevada altitud –cabañas de montaña, pilones, estaciones de teleféricos o de remontes mecánicos– construidos a veces sin tener en cuenta la presencia del permafrost y del hielo.

En Davos, los investigadores del instituto federal estudian el comportamiento del para-avalanchas en las pendientes heladas muy rígidas que fluyen hacia abajo. Uno de sus resultados es la publicación, en el año 2000, de una recomendación sobre la construcción de este tipo de obras en zonas de permafrost.

"Los para-avalanchas son concebidos para durar 50 o 100 años, anota Marcia Phillips. Pero en un permafrost inestable, aguantan quizá unos veinte años porque se mueven, se deforman y los anclajes se hacen arrancar o se rompen".

El equipo de Davos prepara también sus recomendaciones para otras construcciones. Detallará allí por ejemplo los tipos de cimientos apropiados o los métodos eficaces de aislamiento.

¿Cómo proteger a los pueblos? ¿Cómo estabilizar las pendientes? ¿Cómo construir los edificios para hacerlos más seguros? Visto bajo el ángulo del permafrost, el calentamiento climático es un desafío científico y técnico.

swissinfo, Pierre-François Besson
(Traducción, Marcela Águila Rubín)

Permafrost

El permafrost designa un terreno helado de manera permanente. Este terreno puede o no contener hielo.

En los desprendimientos o morrenas, el agua infiltrada puede helar y dar origen a un glaciar rocoso cuyo deshielo puede ser catastrófico.

Mientras que en el Arco alpino alcanza una profundidad máxima de 100 m, el permafrost se zambulle hasta 1,5 km en el suelo al este de Siberia.

Cubre actualmente la quinta parte de la superficie de las tierras del planeta y una cuarta parte de las zonas emergidas del hemisferio Norte.

La Confederación tiene al día una lista de las zonas habitadas amenazadas por los derrumbes ligados con su deshielo.

Entre ellas figuran a los municipios de Saint-Moritz, Zermatt y Kandersteg.

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