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La crisis, ¿una ocasión para mejorar el freno a la deuda pública?

© Keystone / Ti-press / Gabriele Putzu

A escala internacional, Suiza destaca por su baja deuda pública como resultado de la introducción en 2003 del denominado ‘freno al endeudamiento’. Este mecanismo centra el debate en un momento en que se hace el balance financiero del primer año de pandemia.

Este contenido fue publicado el 24 diciembre 2020 - 09:01

En 2017, la deuda pública de SuizaEnlace externo representaba el 29% del producto interno bruto (PIB), una de las tasas más bajas en Europa. La Confederación debe este buen resultado al mecanismo del freno del endeudamiento, que entró en vigor en 2003 después de ser aprobado en votación popular con casi el 85% de votos a favor. El principio es sencillo: sobre el conjunto de un ciclo coyuntural, los gastos no deben ser superiores a los ingresos. Las cuentas a veces pueden tener un saldo positivo, otras veces negativo, pero tienen que cuadrar sobre un período de varios años.

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La crisis provocada por la pandemia de coronavirus ha obstruido un poco este mecanismo bien engrasado, lo reaviva el debate sobre la eventual necesidad de adaptar el freno al endeudamiento. Este año se han desbloqueado cerca de 80 000 millonesEnlace externo de francos para hacer frente a la COVID-19, y muchos parlamentarios se preguntanEnlace externo cómo flexibilizar las reglasEnlace externo para evitar presupuestos de austeridad en los próximos años.

“El freno a la deuda es un mecanismo bastante flexible que puede servir incluso en plena pandemia”, afirma el economista Beat KappelerEnlace externo. Hay que tratar la crisis del coronavirus como una crisis coyuntural, con gastos importantes y pocos ingresos fiscales. La situación debería volver a la normalidad en los próximos años, puesto que la estructura económica de Suiza no está amenazada”.

>> Para comprender cómo funciona el mecanismo del freno al endeudamiento:

Reembolsar o ahorrar

Beat Kappeler destaca que Suiza estaba bien preparada para afrontar esta crisis, precisamente gracias al umbral máximo de endeudamiento. Según Bernard DafflonEnlace externo, profesor emérito de finanzas públicas de la Universidad de Friburgo, habría podido prepararse incluso mejor. Cuando se elaboró el principio del freno al endeudamiento, el Parlamento decidió utilizar los excedentes presupuestarios para reembolsar la deuda y no para aumentar el tope máximo del gasto público.

Una decisión que Bernard Dafflon lamenta, pues si se hubieran reservado los excedentes de los años de bonanza, se podrían utilizar directamente en los tiempos difíciles que corren. “Si hubiéramos alimentado el fondo de compensación, ahora ascendería a cerca de 20 000 millones de francos y cubriría sin duda los gastos derivados de la primera y la segunda ola” de la pandemia, explica el profesor. “No necesitaríamos recurrir a préstamos ni amortizar estas nuevas deudas”.

“No hay que aflojar el freno. No se cambia una regla estructural cada vez que se presenta una situación extraordinaria”

Bernard Dafflon

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Tal y como subraya Bernard Dafflon, el freno al endeudamiento ha permitido resistir bastante bien –y sin cambios relevantes–las crisis de 2008 (crisis del petróleo) y 2009 (crisis de las hipotecas de alto riesgo). “Mi previsión es que se demostrará que es un instrumento adecuado también durante esta crisis, considerando que de aquí al año 2022 se logrará contener la pandemia, gracias a la vacuna, aunque las consecuencias económicas probablemente se prolongarán un poco más”, sostiene.

Reglas que respetar

Bernard Dafflon confía en que esta pandemia incite al Parlamento y al Gobierno a utilizar el mecanismo base del freno al endeudamiento y a alimentar el fondo de compensación, pero lanza una advertencia: “No hay que aflojar el freno. No se cambia una regla estructural cada vez que se presenta una situación extraordinaria”. El profesor cita el ejemplo del cantón de Ginebra que ha flexibilizado el mecanismo en varias ocasiones ante las persistentes dificultades presupuestarias. “El resultado es un endeudamiento considerable que pesa sobre las finanzas públicas y pesará durante mucho tiempo sobre las generaciones futuras”, dice.

Estados Unidos es otro ejemplo que no hay que seguir, según Beat Kappeler: “Tienen un mecanismo fantasma de freno a la deuda, que siempre es ampliado por el Congreso. Desde hace ocho años se ha convertido en un tira y afloja y no se respeta”. El economista se opone a cualquier reforma del freno al endeudamiento en Suiza. “Está pensado para hacer frente a situaciones desfavorables. No hay necesidad de flexibilizarlo ni de abolirlo, ni siquiera en períodos de crisis”.

“Una garantía estatal para hacer frente a cualquier veleidad económica sería nefasta, porque se tendería a pensar que ya no hay riesgo”

Beat Kappeler

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Cédric TilleEnlace externo, profesor de economía en el Instituto de Altos Estudios Internacionales y del Desarrollo en Ginebra, considera que el freno a la deuda es un buen instrumento y lo suficientemente flexible para cumplir su función en períodos de crisis. “A nivel político, sin embargo, se percibe la crispación que genera la idea de aumentar la deuda pública”, dice. Lo que preocupa al profesor es el futuro: “Temo que se decida que hay que apretarse el cinturón para reembolsar la deuda, cuando en realidad no hay necesidad de ello, ya que una vez superado el gran bache de 2020-2021 la economía volverá a crecer y la deuda derivada de la pandemia disminuirá lentamente respecto al PIB”.

Cédric Tille subraya que, pese al aumento en 2020, la deuda sigue estando muy por debajo del nivel registrado durante la primera mitad de la década de 2010. A su juicio, la Confederación tiene que elegir entre socorrer a los sectores más afectados o dejar que se desencadene una ola de quiebras en el país y provoque una profunda recesión. “Vamos a tener que endeudarnos, y nos corresponde a nosotros decidir si preferimos hacerlo limitando los daños o en un escenario bastante más doloroso”, afirma el profesor.

Los aspectos positivos del endeudamiento

Una visión que no comparte Beat Kappeler. Según él, esta crisis es una ocasión para recordar a las empresas y a los particulares la importancia de ahorrar antes de emprender una actividad. “Una garantía estatal para hacer frente a cualquier veleidad económica sería nefasta, porque se tendería a pensar que ya no hay riesgo, que es posible iniciar cualquier actividad y confiar en que ahí estará el Estado para rescatarnos”, explica el economista.

“Esta crisis podría ser la ocasión para mejorar el freno al endeudamiento y definir un objetivo de estabilización de la deuda en función del PIB”

Cédric Tille

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“La idea de que cuantas menos deudas se contraigan, mejor nos irá no es válida para un Estado”, sostiene Cédric Tille. Si una deuda excesiva es a todos los efectos peligrosa, la ausencia de deuda es igualmente problemática, según el profesor, porque representa un activo de referencia para los mercados financieros y una inversión sin riego para los inversores.

A juicio de Tille, el freno al endeudamiento se ha interpretado de manera demasiado restrictiva. Desde los años 2000, las previsiones de presupuesto han sido exageradamente prudentes, dice, lo que ha generado excedentes que se han destinado a reducir la deuda. “El problema en Suiza es que existe esta voluntad de estabilizar la deuda en valores absolutos. Esta crisis podría ser la ocasión para mejorar el instrumento del freno al endeudamiento definiendo explícitamente un objetivo de estabilización de la deuda a largo plazo en función del PIB”, concluye Cédric Tille.

Según las estimaciones de la Administración Federal de Finanzas, la deuda pública bruta debería aumentar unos 8 700 millones de francos en 2020 para situarse en 105 600 millones. El Gobierno decidirá a finales de este año cómo gestionar este incremento. Una decisión que seguramente reavivará el debate en el Parlamento sobre el papel y el funcionamiento del freno al endeudamiento.

Traducción del francés: Belén Couceiro

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