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Exjefe de la UNRWA espera que la ONU lo rehabilite formalmente

Campo de refugiados de Jabaliya, en el norte de la Franja de Gaza, julio de 2012. Las escuelas de la UNRWA acogen a unos 280 000 alumnos. Keystone / Ali Ali

El suizo Pierre Krähenbühl entreve una próxima conclusión de las acusaciones lanzadas en su contra a finales de 2019 y observa un cambio en la posición de Berna. El excomisario general de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA) lo explica a swissinfo.ch.

Este contenido fue publicado el 03 marzo 2021 - 11:00
Pierre Krähenbühl en 2018. © Keystone / Martial Trezzini

Nombrado director de la UNRWA en noviembre de 2013, Krähenbühl, era una de las figuras suizas de mayor rango en las Naciones Unidas y una de las más expuestas a la presión, dada la carga política que pesa sobre el conflicto palestino-israelí y el caos que se ha desarrollado en Oriente Medio en los últimos diez años.

Con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca comenzaron realmente sus problemas. La retirada de Estados Unidos de la agencia se materializó en el cese de sus contribuciones financieras para el año 2018. Un agujero financiero de 300 millones de dólares que el entonces dirigente del organismo consiguió colmar logrando el apoyo adicional de unos 40 Estados.

En 2019, el ginebrino fue acusado por empleados de la agencia de abuso de poder, nepotismo, relación inapropiada con una colaboradora cercana y discriminación. En noviembre de ese mismo año y con el poco o nulo apoyo de la diplomacia suiza, Krähenbühl presentó su dimisión.

La ONU ordenó una investigación cuyas conclusiones lo exoneraron ampliamente de los hechos que se le imputaban, como lo demuestra un reportajeEnlace externo de la televisión pública suiza difundido en diciembre pasado. En febrero, el ministro de Exteriores, Ignazio Cassis, declaró al diario Le TempsEnlace externo que Suiza ha pedido a la ONU la publicación de esos documentos “por razones de transparencia”. 

swissinfo.ch: ¿No fue precisamente el hecho de que usted lograra colmar el agujero financiero provocado por Estados Unidos en 2018 lo que provocó esta campaña de desprestigio?

Pierre Krähenbühl: Ciertamente hay algo de eso. No tengo pruebas que demuestren una relación entre los ataques políticos y financieros y el informe inicial de las quejas procedentes del interior de la UNRWA. Pero en cuanto se filtró a la prensa en el verano de 2019, el informe fue instrumentalizado políticamente. Pasamos de un ataque financiero en 2018 a un ataque político y personal en 2019. Estoy convencido de que no se nos perdonó, ni a la UNRWA ni a mí, el que hayamos superado esa crisis.

¿Durante la visita de Ignazio Cassis a un campamento de la UNRWA en Jordania, compartió con usted sus preocupaciones? ¿Le habló de que consideraba a la agencia parte del problema y no de la solución, lo que es un tema recurrente en el lenguaje de Estados Unidos e Israel?

Sabíamos que tenía una sensibilidad diferente a la de sus predecesores con respecto al conflicto palestino-israelí. Un cambio de actitud que no es inhabitual en los países europeos.

La visita en sí fue bien. Tanto la delegación suiza como el equipo de la UNRWA consideraron que fue una buena visita. Durante nuestro encuentro, el ministro hizo muchas preguntas, mostrando un verdadero interés. Por eso nos sorprendió mucho leer sus declaraciones en la entrevista concedida a su regreso, ya que no había dicho algo así en nuestras conversaciones. Estas observaciones, que se percibieron como un cambio de rumbo por parte de Suiza, también sorprendieron a Oriente Medio, acostumbrado a la constancia en las posiciones sobre el conflicto, como me dijeron varios ministros.

La aclaración de la posición suiza por parte del Consejo Federal [Gobierno] a raíz de estas observaciones me permitió subrayar la continuidad de la política de Suiza en Oriente MedioEnlace externo y su apoyo a la UNRWA.

¿Ha cambiado el caso contra usted desde que el informe final de la ONU fue revelado por la televisión suiza el pasado mes de diciembre?

Lo que ha cambiado es la percepción general de los acontecimientos de 2018 y 2019. Esa emisión contribuyó en gran medida a aclarar este periodo de crisis, su contexto y los resultados de la investigación realizada por la ONU. También generó un importante número de reacciones de los medios de comunicación y de los ciudadanos.

Además, Berna apoya ahora la solicitud de aclaración y el cierre de este caso por parte de Nueva York. Este es el principal objetivo de este caso. Acojo con satisfacción la intervención de Berna, que tendría un objetivo alcanzable: una carta de la Secretaría General de la ONU para dar término a todo el procedimiento, en la que se expongan los resultados de la investigación y se diga que las no se ha retenido nada importante de las múltiples y graves acusaciones contra mí. No le corresponde a Suiza hacerlo primero, sino a la ONU.

De hecho, el secretario general [António Guterres] me llamó en noviembre de 2019 para decirme que las acusaciones de corrupción, fraude, mala gestión y relaciones sentimentales habían sido desestimadas. Eso era lo principal. Cabe señalar también que los errores son inevitables cuando se gestiona una agencia de este tipo, sometida a una gran presión y compuesta por 30 000 personas.

¿Fue la luz verde de Berna un requisito previo para que el secretario general de la ONU pusiera fin al asunto?

La ONU podría actuar por iniciativa propia. Según Nueva York, mi renuncia en noviembre de 2019 había suspendido el procedimiento. Una vez establecidas las conclusiones de la investigación, es posible cerrar este capítulo.

Sin querer especular sobre los retrasos, creo que el cambio de administración en Estados Unidos proporciona un contexto más favorable para la conclusión del asunto.

¿Este cambio de administración tiene efectos palpables para Oriente Medio, incluyendo a la UNRWA?

Eso espero. Estados Unidos ha sido el mayor donante de la UNRWA durante 65 años. Entre las razones de este compromiso a largo plazo de Washington figura el apoyo a los refugiados palestinos, así como a Israel. Estados Unidos ha sido muy generoso y a veces crítico, algo que algunos en Suiza no han comprendido del todo. Fue esta trayectoria la que la administración Trump trató de romper, trasladando la embajada de Estados Unidos a Jerusalén y poniendo fin a la financiación de la UNRWA. La agencia se encontró en una crisis existencial. Decidimos no someternos a esta forma de diktat y logramos movilizar a más de 40 países que aumentaron su financiación.

El nuevo gobierno, encabezado por [Joe] Biden ha anunciado su voluntad de volver a comprometerse con la UNRWA. Esto supondría la reanudación de una antigua asociación.

Usted fue el primer comisario general que no procedía del campo diplomático (al igual que su adjunto estadounidense). ¿No era una debilidad básica para una posición tan expuesta?

Cuando presenté mi candidatura en 2013, Suiza podría haber tomado nota simplemente. Pero decidió apoyarla oficialmente con una carta del presidente de la Confederación Ueli Maurer al secretario general de la ONU, Ban-Ki-moon. Y toda la diplomacia suiza se coordinó y se comprometió activamente con los Estados en apoyo de mi candidatura.

Así pude descubrir lo que significaba tener el apoyo del país de uno. La candidatura de mi adjunta, Sandra Mitchell, contó con el mismo apoyo de su país. No éramos diplomáticos de carrera. Venimos de organizaciones humanitarias. Pero el compromiso de nuestros dos países fue muy fuerte. La principal preocupación de Ban Ki-moon a la hora de contratarme era si tenía buenas aptitudes para la movilización de donantes y la recaudación de fondos. Este era ya el talón de Aquiles de la UNRWA y había que encontrar la manera de garantizar su estabilidad financiera.

Y, efectivamente, fue la Administración Trump la que generó la ruptura en el marco de una política hostil al sistema multilateral, como me dijo el presidente francés Emmanuel Macron en 2018.

A largo plazo, ¿cuál es el programa más importante de la UNRWA?

Hay un trabajo esencial en materia de salud primaria a través de una red de 140 clínicas, distribución de alimentos o dinero en efectivo para permitir vivir o sobrevivir a las personas que han caído por debajo del umbral de la pobreza.

Pero lo que más me impresionó fue el rubro educativoEnlace externo de la agencia. Es un área que no conocí de esa manera en mis 22 años al servicio del Comité Internacional de la Cruz Roja Internacional (CICR).

A menudo se reprocha a las organizaciones humanitarias el hecho de estar demasiado centradas en la acción de emergencia sin ayudar a la población afectada a recuperar cierta autonomía a medio plazo.

Con la educación y la formación profesional que proporciona la UNRWA, descubrí una acción extraordinaria. Por doquiera que iba a dar una conferencia, en Australia, Suecia, Suiza o cualquier otro lugar, siempre había alguien que venía a contarnos que había estudiado en las escuelas de la UNRWA y que de esa manera había podido realizarse profesionalmente. También había una cierta amargura entre la diáspora palestina. Pero lo que más dicen los refugiados palestinos de la región es que pueden renunciar a muchas cosas, pero no a la educación.

Contemplar el valor de los estudiantes que persisten en estudiar en condiciones extremadamente difíciles, a menudo en situaciones de guerra, me ha dejado una profunda impresión. Esta determinación y disciplina tienen poco que ver con mi propia experiencia como escolar en Suiza.

Traducido del francés por Marcela Águila Rubín

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