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Test mundial de estrés para la libertad de expresión

El humor frente al rumor: cómo Taiwán desmonta las noticias falsas

Exhacker y exactivista, ahora ministra de lo Digital de Taiwán. swissinfo.ch / Audrey Tang

Mientras las democracias consolidadas de todo el mundo se esfuerzan por saber cómo afrontar las oportunidades y los retos de internet, en Taiwán las herramientas digitales ya forman parte de la vida democrática cotidiana. SWI swissinfo.ch ha hablado con Audrey Tang, ministra de lo Digital de Taiwán.

Este contenido fue publicado el 17 mayo 2021 - 09:00

Abandonó la escuela, fue hacker y ahora es la primera ministra transgénero del mundo: hablamos de Audrey Tang. Como ministra de lo Digital, su cometido es convertir a Taiwán en un modelo de democracia digital. Tang ha estado omnipresente en los medios de comunicación internacionales, al menos desde que ese pequeño Estado insular dominó la pandemia mejor que casi cualquier otro país.

¡Haga oír su voz!  

Serie SWI #libertaddeexpresión

En principio, todo debería estar muy claro. El artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948) y el mismo artículo del Pacto de Derechos Civiles y Políticos de la ONU (1966) estipulan que “toda persona tiene derecho a la libertad de expresión; este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideración de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección”. En Europa, el Convenio Europeo de Derechos Humanos (1950) confirma la libertad de expresión como un derecho jurídicamente vinculante (artículo 10). Suiza consagra esta libertad fundamental en el artículo 16 de su Constitución de 1999.

Sin embargo, en la práctica sigue siendo muy cuestionado. Muchos gobiernos del mundo no solo no protegen el derecho a la libertad de expresión, sino que cada vez lo debilitan más. En otras partes del mundo, individuos y grupos utilizan el término “libertad de expresión” para justificar discursos discriminatorios y de odio. Pero aunque es un derecho universal, la libertad de expresión no es un derecho absoluto. Garantizarlo y aplicarlo siempre está en la cuerda floja.   

En una nueva serie de SWI swissinfo.ch abordamos distintos aspectos, retos, opiniones y desarrollos en torno a la libertad de expresión en Suiza y en el mundo. Proporcionamos una plataforma para que los ciudadanos se expresen sobre esta cuestión, ofrecemos análisis de académicos de gran prestigio y destacamos los avances tanto a nivel local como mundial. Y, por supuesto, invitamos a los lectores a que se unan a la conversación y hagan oír su voz.

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Asegura que no trabaja para el Gobierno, sino con el Gobierno, dice en una entrevista al NZZEnlace externo. No dirige un gran ministerio con presupuesto y empleados, sino que se considera un vínculo directo entre el Gobierno y los votantes, entre el Ejecutivo y los activistas.

China sigue considerando este Estado de 23 millones de habitantes como parte de su territorio. Solo unos pocos países mantienen relaciones diplomáticas oficiales con Taiwán; Suiza no es uno de ellos. A pesar de esta presión, Taiwán se ha transformado en una democracia modelo: en la última clasificación de democracias que elabora la revista The Economist, Taiwán se sitúa justo por delante de Suiza. Las formas innovadoras de participación online han jugado un papel importante en esa posición.

Hoy en día, las redes sociales ya no se consideran un activo para la democracia. Hablamos mucho más de problemas como la incitación al odio o las noticias falsas (fake news). ¿Cuál es su perspectiva desde Taiwán, comparte ese tipo de pesimismo?

Audrey Tang: No suelo pensar en términos de optimismo y pesimismo. Pienso más bien en términos de una infraestructura prosocial, de la sociedad civil, en contraposición a una infraestructura antisocial, más propia del sector privado.
Las redes sociales, ya sean antisociales o prosociales, pueden seguir siendo sociales. Igual que tenemos lugares de encuentro para personas que hablan de política en un ayuntamiento, en un debate público en un parque o en un entorno académico. Son infraestructuras públicas.

También se puede hablar de política en un bar ruidoso, en una discoteca donde la gente tiene que gritar para escucharse, con bebidas que provocan adicción, gorilas privados, etc. Esa puede ser también una conversación sobre política, pero quizás no muy prosocial.

Al igual que en esos espacios físicos, también tenemos diferentes configuraciones de interacción social en el espacio digital. En Taiwán, el Movimiento Girasol ha creado la infraestructura de comunicación que utilizamos allí. Se la suele calificar de "aplicación situacional".

De esta forma podemos programar nosotros mismos los espacios digitales cuando surge una necesidad de comunicación. No nos acomodamos al lado más antisocial de las redes sociales. Podemos diseñar el tipo de interacción que los usuarios quieran. Este ha sido el caso aquí en Taiwán durante bastante tiempo, concretamente desde hace 25 años.

Si nos ceñimos a esa imagen de la discoteca o del parque público, es preciso reconocer que aun en el parque público se necesitan unas pautas sobre cómo comportarse.

El ayuntamiento no es solo un edificio, ¿verdad? El ayuntamiento es un sistema de normas sobre cómo hablar y escuchar por turnos. Esas normas son importantes. La idea taiwanesa de la democracia como una forma de la tecnología refleja muy bien esa norma. Principalmente, en el sentido de que la gente no se limita a manifestarse solo para protestar cuando cree que algo va mal en el proceso democrático existente.

La gente se manifiesta para mostrar de qué modo las cosas podrían funcionar mejor, y así podemos probar diferentes diseños de software o diferentes proyectos de parques públicos.

Me gustaría subrayar que en el siglo pasado solía decirse: "Hay que estar formado para participar en la democracia". Hoy en día decimos: "Hay que ser competente para participar en la democracia digital".

La diferencia entre competencia y educación es que la educación consiste en recibir, mientras que la competencia consiste en crear con los demás.

¿Cómo se consigue esa competencia?

En lugar de decir a los más jóvenes: "Tienes que ser adulto para participar en la democracia", les decimos: "No, adelante, poned en marcha vuestras iniciativas ciudadanas". Más de una cuarta parte de las iniciativas ciudadanas son plataformas de democracia digital puestas en marcha por menores de 18 años, y además son muy eficaces, como la prohibición de las pajitas de plástico en nuestra bebida nacional, el té de burbujas.

Audrey Tang durante una entrevista en su despacho en Taipei. Keystone / Chian Ying-Ying

Lo más importante de todo esto es el aprendizaje permanente, la solidaridad intergeneracional, la tutoría mutua, la garantía de que los más jóvenes puedan determinar la agenda para sentirse incluidos en la democracia, incluso antes de ser adultos.

¿Qué hace falta para evitar que las redes sociales comerciales sean antisociales?

Si las redes están dispuestas a actuar de forma prosocial, gran parte de las infraestructuras que poseen pueden ser positivas. Si, por el contrario, no actúan de forma prosocial, deben saber que en Taiwán se enfrentan a sanciones sociales.

Cuando la gente tiene ya una idea consolidada de lo que se considera la norma, es difícil que las multinacionales de los medios de comunicación que violen esa norma puedan imponerse.

Por supuesto, si la sociedad carece de una norma social establecida, por ejemplo en el ámbito de la transparencia de la financiación de las campañas, entonces las redes sociales pueden simplemente ignorar por completo al Estado.

En Taiwán, la sociedad civil ha ocupado literalmente el Parlamento y ha exigido transparencia. Entró literalmente en la Oficina Nacional de Auditoría, sacó copias del informe de gastos de la campaña electoral y las escaneó con reconocimiento óptico de caracteres como datos legibles por máquina.

Esta transparencia radical, ganada a pulso, con respecto a la financiación de las campañas políticas se ha convertido en la norma. Por lo tanto, Facebook no puede negarse a la demanda de la sociedad de convertir los anuncios políticos en tiempo real en datos disponibles públicamente. Está prohibida la injerencia o financiación extranjera, de forma similar a como funciona la financiación de las campañas electorales.

No hemos aprobado ninguna ley para ello. Se basa únicamente en las sanciones sociales.

Para luchar contra las fake news, ustedes se apoyan en el eslogan ‘Humor sobre rumor’: un software ayuda a identificar la desinformación en las redes sociales. En Taiwán, antes de que algo se haga viral, ustedes oponen a la fake news su propia noticia, que expone los hechos de una manera divertida. El objetivo es que los hechos presentados de forma chistosa se difundan más rápido que la desinformación. Además, emplean verificadores de hechos. ¿Es así?

Sí, hay muchos estudiantes entre los verificadores de hechos. Eso también forma parte de la competencia.

¿Existen herramientas similares para combatir el odio en internet?

Los ciudadanos pueden marcar los contenidos de una "herramienta contra la infodemia", como por ejemplo Line.

Cuando algo queda marcado, el panel de la plataforma Line muestra lo que en ese momento es tendencia, sin decir si se trata de desinformación, fraude, discurso de odio o cualquier otra cosa. Todo muy neutral, como si esas noticias se estuvieran volviendo virales.

Algunas de las noticias pueden ser ciertas, por lo que es posible que hayamos encontrado una manera de convertir un mejor periodismo en algo que le guste a la gente (risas).
Lo que es viral no es necesariamente tóxico. Pero si lo fuera, la detección temprana permite que el humor sea más efectivo que el rumor; es decir, el humor sobre el rumor. Al cabo de una sola noche, la gente ya ha asociado esos memes virales con la memoria a largo plazo.
Si en el mismo ciclo –digamos, en unas pocas horas– lanzamos una respuesta cómica que motive a la gente a compartir alegría en lugar de odio, discriminación o venganza, la gente se siente mejor. La clave estriba en responder cuanto antes. Los planes mejor trazados dejan de funcionar si hay que esperar unos días.

Traducción del alemán: Carla Wolff

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