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Ginebra juega sus bazas

Keystone / Martial Trezzini

La cumbre Putin-Biden es un voto de confianza para Ginebra y Suiza. Y para la "Genève internationale" supone su reanimación tras la devastadora pandemia.

Este contenido fue publicado el 16 junio 2021 - 13:18

Ha sido todo un triunfo, no hay ninguna duda. El encuentro entre Joe Biden y Vladimir Putin en Ginebra constituye uno de los mayores éxitos diplomáticos del Gobierno suizo de los últimos años. Desde el punto de vista de la política interior, el Ejecutivo solo ha podido aprovecharlo de manera limitada, porque solo un día después de anunciar esta cumbre el mismo gobierno hacía pública la ruptura del acuerdo marco institucional con la Unión Europea (UE), uno de los mayores naufragios en política exterior desde el final de la Guerra Fría.

Pero ahora lo que predomina es el gran acontecimiento histórico. El país se encuentra en el foco de la atención internacional y el momento es propicio: tanto en Europa como en América del Norte las medidas para combatir el coronavirus están surtiendo efecto y hay indicios de que la pandemia está llegando a su fin.

Es una vuelta a la normalidad, también en el ámbito diplomático. Poco a poco va aumentando la presión para que se vuelvan a celebrar, de manera física, reuniones importantes, y la cumbre ruso-estadounidense es el pistoletazo de salida de esta nueva etapa. Para la "Genève internationale" se trata de un acontecimiento cuya importancia no puede subestimarse. El retorno de la política internacional a sus cauces habituales sólo parece lógico cuando se vuelve la vista atrás.

Las medidas de seguridad de la cumbre paralizan media ciudad. El parque La Grange, donde se celebra la reunión, está completamente acordonado. swissinfo.ch

En círculos diplomáticos aseguran que se percibía cierto nerviosismo en la administración suiza: ¿acaso la pandemia habría causado un daño irreparable a Ginebra como corazón del multilateralismo? El desplazamiento de las conferencias, reuniones y encuentros hacia el espacio digital era una amenaza real para la ciudad, y esta preocupación era palpable tanto en Berna como en Ginebra.

En el corazón del multilateralismo

Pero resulta que las tradiciones no mueren tan fácilmente, y además Suiza tampoco se había quedado de brazos cruzados. Desde el punto de vista logístico, ha sido posible recurrir a los grandes valores de la experiencia, adaptándose a las nuevas circunstancias. En las reuniones online normalmente es imposible ver en las pantallas cuántas personas están trabajando en segundo plano: personal de secretaría, traducción e interpretación, gente de los medios de comunicación. Antes todos estaban presentes en Ginebra, pero ahora era necesario coordinarlos desde distintos lugares.

Evidentemente, otras ciudades que se posicionan como sedes de la política internacional han tenido que superar los mismos problemas. Pero gracias a su trabajo en red, "Genève internationale" ha dispuesto de una ventaja: la mezcla de ciencia y política abona un terreno fértil compuesto de organizaciones internacionales, instituciones académicas y una sociedad civil fuerte y sólida. Este ha sido siempre el mayor activo de Ginebra.

El corazón del multilateralismo es, sin duda, la presencia de la sede europea de la ONU, que por sí sola celebra 12 000 reuniones al año en el Palacio de las Naciones y cuya Secretaría cuenta con casi 3 500 personas. Mientras que Naciones Unidas practica la alta política en Nueva York, es en Ginebra donde, gracias a las decenas de organizaciones especializadas, se establecen las normas internacionales que influyen en la vida cotidiana de las personas de todo el mundo.

Sin embargo, la competencia es enorme. Las principales sedes de la ONU están en Nueva York, Ginebra, Viena y Nairobi, junto a las que hay decenas de “duty stations” por todo el mundo. En la actualidad existe una presión creciente dentro de la ONU para que se diseñe un sistema de rotación que evite que los funcionarios queden atrapados en puestos con un alto nivel de vida.

Con ello se pretende dinamizar la organización y, por supuesto, las ciudades fuera de los países occidentales esperan que esto aumente su importancia. Porque, aunque en esta cumbre se lleve a cabo la política clásica de grandes potencias en un escenario clásico, el mundo ya no es el mismo que en 1985, cuando rusos y estadounidenses se reunieron por última vez en Ginebra.

En 2005 los políticos suizos aprobaron una Ley de País AnfitriónEnlace externo para mantener el atractivo de Ginebra. Esta ley regula el establecimiento de las instituciones internacionales, así como cuestiones jurídicas como privilegios e inmunidades. La política del Estado anfitrión es un punto central de la política exterior suiza, e incluso antes de la pandemia se había decidido reforzar aún más a Ginebra en el ámbito digital para el multilateralismo. Una estrategia de futuro que probablemente deberá ponerse en práctica antes de lo previsto inicialmente.

Por último, pero no por ello menos importante, también se conceden recursos económicos para financiar renovaciones o la construcción de nuevos edificios, con el objetivo de vincular a las organizaciones con Ginebra a largo plazo. Estas ventajas también benefician a las microdelegaciones, para las que los precios de los inmuebles pueden ser un obstáculo para establecerse. Por ejemplo, Suiza invita específicamente a los pequeños Estados del Pacífico a establecer misiones permanentes en Ginebra. Con ello se pretende, por un lado, consolidar aún más la universalidad de la ciudad y, por otro, generar amistades políticas que promuevan alianzas estratégicas en los órganos de decisión multilaterales.

De modo que, cuando el mundo mira a Ginebra y a la cumbre Putin-Biden, solo ve la punta del iceberg de la política internacional que se gesta aquí cada día.

Capital político ganado

Los expertos y analistas consideran que la relación entre Estados Unidos y Rusia está en mínimos históricos. Por lo tanto, Suiza se siente muy orgullosa de haber traído la cumbre a su territorio. Desde el Ministerio de Asuntos Exteriores se ha difundido la afirmación de que Suiza contribuye así al “reparto de la carga” de la política mundial, una sutil insinuación de que está haciendo una contribución desproporcionada.

Por el momento se desconoce cómo se llegó a esta decisión. Cuando Biden anunció públicamente que quería reunirse con Putin, otros países además de Suiza se ofrecieron a hacerlo. Pero el hecho es que Suiza es valorada como mediadora por ambas partes: con EE.UU. tiene un mandato de poder protector para Irán, y con Rusia otro para Georgia.

En los círculos diplomáticos se dice que Suiza goza de buena reputación, sobre todo con los rusos: la neutralidad y la no pertenencia a la OTAN y a la UE ayudan bastante. Cuando estalló el conflicto en el este de Ucrania, Suiza, como presidente de la OSCE, mantuvo numerosas conversaciones con Rusia, y Didier Burkhalter, entonces ministro de Asuntos Exteriores, mantuvo un vivo intercambio con Moscú en 2014. También se pueden establecer valiosos contactos de esta manera.

El presidente Guy Parmelin y el ministro de Asuntos Exteriores Ignazio Cassis han mantenido una reunión bilateral con Joe Biden y lo harán también con Vladimir Putin. Es un gesto habitual hacia los anfitriones y un momento sin duda oportuno para plantear cuestiones importantes al más alto nivel. En su discurso de investidura Biden mencionó a Suiza como paraíso fiscal. Esta afirmación no tuvo aquí una acogida positiva. Sin duda, el Gobierno suizo se ha alegrado ahora de tener línea directa con el presidente de los Estados Unidos, quien por otra parte no tiene temor ninguno en hacer declaraciones directas.

Un nuevo optimismo

En la rueda de prensa posterior a la reunión con el presidente de EE.UU., Guy Parmelin confirmó que se habían mantenido conversaciones sobre los aviones de combate estadounidenses, así como sobre el inicio de conversaciones relativas a un acuerdo de libre comercio al que aspira Berna. Otros temas importantes fueron la investigación y la educación, y, por supuesto, los buenos oficios de Suiza.

Ignazio Cassis añadió que durante los treinta minutos de reunión se habló mucho sobre Irán. La reunión se desarrolló en un ambiente cálido y se acogió con beneplácito el regreso de Estados Unidos al orden multilateral. El presidente de la Confederación afirmó que la nueva administración estadounidense había aportado un nuevo optimismo a la política mundial.

En cuanto a la reunión con Rusia, se afirma de forma algo críptica que el objetivo es "cultivar un diálogo constructivo y crítico con Rusia para seguir reforzando las relaciones". Un tema concreto desde el punto de vista ruso es sin duda la situación de un empresario ruso, Vladislav Klyushin, encarcelado en el Valais. Suiza lo detuvo en marzo a petición de Estados Unidos. Estados Unidos le acusó de fraude financiero y solicitó su extradición. Para Rusia, es un actor importante en la propaganda del Kremlin. Según el ministro de Asuntos Exteriores suizo, las cuestiones de seguridad se debatirán en el marco de la OSCE.

Desde un punto de vista estratégico, Suiza siempre está interesada en obtener mandatos adicionales; también en este ámbito ha aumentado la presión de la competencia, porque ahora no son solo los Estados neutrales los que ejecutan este tipo de mandatos. Otra preocupación suiza es la solicitud de un puesto en el Consejo de Seguridad de la ONU para 2023-24, donde se sientan las dos grandes potencias.

La elección de Ginebra para la cumbre supone un voto de confianza, según círculos diplomáticos. Es una recompensa por el hecho de que Suiza es capaz de manejar la logística de un evento político tan importante, pero también porque tiene la discreción necesaria. Solo con este gesto Suiza ha ganado capital político.

Rusia y Estados Unidos ya se han reunido varias veces en Ginebra para mantener conversaciones. Lea nuestra reseña histórica aquí:

Traducción del alemán: José M. Wolff

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