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La pandemia sume en la pobreza a las personas con bajos ingresos

© Keystone / Gaetan Bally

Las medidas adoptadas para luchar contra el coronavirus pesan en la economía y los trabajadores en Suiza. A mucha gente le cuesta cada vez más llegar a fin de mes. Hélène y Frédéric cuentan cómo intentan sobrellevar sus problemas económicos.

Este contenido fue publicado el 16 enero 2021 - 11:00

En Suiza, unas 660 000 personasEnlace externo viven por debajo del umbral de la pobreza, lo que representa el 7,9% de la población. De ellas, el 3,7% pertenecen a la población profesionalmente activa.

Si la llegada de la pandemia ha dejado en una situación muy difícil a las personas que perdieron su empleo, los trabajadores con bajos ingresos tienen cada vez más problemas para pagar sus facturas. Autónomos, obreros, asalariados a tiempo parcial: son los primeros que pagan el precio de las restricciones adoptadas para luchar contra la propagación del coronavirus. Y cuanto más dura la crisis, mayor es el riesgo de que caigan en la pobreza.

La pobreza olvidada en uno de los países más ricos del mundo

Con un patrimonio medio de 598 410 dólares por adulto, a finales de 2019 los suizos eran el pueblo más rico del mundo, según el Global Wealth ReportEnlace externo del banco Credit Suisse que analiza las fortunas mundiales. En segundo lugar se situaba Hong Kong, con un patrimonio medio de 518 810 dólares, seguido de Estados Unidos y Australia.

Aun así, entre 2015 y 2018 la población residente en Suiza se vio expuesta al menos una vez al riesgo de pobreza, según revela la Oficina Federal de EstadísticaEnlace externo. La media europea es del 27,8%.

CáritasEnlace externo constata que la pobreza no es una prioridad para las autoridades suizas, porque las personas afectadas son invisibles y no son escuchadas. La organización caritativa recuerda que, según estimaciones, el 30% de las personas que tienen derecho a prestaciones sociales no las solicitan.

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Frédéric* tiene 50 años y un hijo a su cargo. Trabaja en el sector de la hostelería-restauración, al igual que su pareja. Desde el inicio de la pandemia, ambos están en desempleo parcial, lo que significa que reciben solamente el 80% de su salario. Una pérdida de ingresos en el hogar que asciende a 1 500 francos al mes en los momentos más difíciles.

“Para nosotros, es un triple castigo”, explica Frédéric. “Ganamos menos dinero, nuestras comidas ya no están cubiertas por nuestros empleadores, porque los restaurantes están cerrados, y mi pareja ya no recibe propinas, que suelen rondan los 200 francos al mes”.

Vivir de los ahorros

La familia se dio cuenta enseguida de que no conseguiría pagar el alquiler y las primas del seguro médico sin echar mano de los ahorros. “La Confederación nos impide trabajar, pero somos nosotros los que tenemos que recurrir al dinero ahorrado para las vacaciones o el dentista”, dice Frédéric. “Me parece una injusticia”. Por lo tanto, él decidió solicitar ayuda al fondo de solidaridadEnlace externo creado en el cantón del Jura para socorrer de forma puntual a las personas en dificultad. La pareja recibió una ayuda económica que les ha permitido pagar el alquiler y dos meses del seguro médico.

La familia ha adaptado su estilo de vida y revisado su presupuesto: “Hemos pasado las vacaciones en el balcón, comprado productos locales y más baratos”, cuenta Frédéric. “Tratamos de ahorrar en algunos artículos. Por ejemplo, hemos cambiado de seguro médico y optado por un coche y seguros menos caros. El problema es que es realmente difícil establecer un presupuesto, porque no sabemos cuánto tiempo va a durar la situación, ni a qué porcentaje vamos a poder trabajar en las próximas semanas”.

Gracias a estos ajustes, la pareja ha podido reducir los gastos en unos 400 francos mensuales a partir de enero. Pero Frédéric está preocupado. “Si los restaurantes vuelven a cerrar, la situación será inviable para el sector de la gastronomía. Mucha gente no encontrará una salida”.

Apretarse aún más el cinturón

La situación de Hélène* ya era complicada antes de la pandemia. Esta empleada de fábrica de 57 años acababa de conseguir saldar sus deudas y estabilizar sus finanzas. Sin embargo, aunque trabaja la jornada completa, solamente gana 3 200 francos netos al mes y, por lo tanto, tiene un presupuesto muy ajustado. Con la aparición del coronavirus, Hélène estuvo en desempleo parcial durante tres meses y tuvo que arreglárselas con un 20% menos de sueldo.

“El problema es que el precio del seguro médico y del alquiler no baja, tampoco el coste de la vida”, dice. Para salir adelante, Hélène ha intentado reducir aún más los gastos, gracias a un vale para alimentos de Cáritas, y ha pedido prórrogas adicionales para algunos pagos.  

Ahora ha podido reincorporarse al trabajo y recibe el 100% del salario. “Pero el pasado 14 de diciembre, me quedaban 24 francos en el bolsillo, y el sueldo no me lo ingresaban hasta el 18 de diciembre”, confiesa. Hélène también tiene miedo de esta inseguridad permanente causada por el coronavirus y no se atreve a hacer planes.

“Comenzaba a levantar cabeza, pensaba que por fin iba a poder darme algún capricho”, dice. “Ya me imaginaba unas pequeñas vacaciones. Hace tantos años que no he podido salir de vacaciones. Y todo se ha ido al garete, ahora me veo peor que antes. Uno se siente tentado de rebelarse”.

La suerte de Hélène es tener un trabajo al que puede ir a pie, porque no podría costearse un coche. “A veces, tengo tantas ganas de tomar el tren para ir a la orilla del lago. Pero un billete cuesta tanto que no me lo puedo permitir”, suspira. “¿La vida es esto? ¿Trabajar únicamente para pagar facturas?”

Ayudar a las personas antes de que se hunda

En seis meses, solamente en el distrito de Delémont, la organización Cáritas JuraEnlace externo ha distribuido la ayuda que suele distribuir en tres años en todo el cantón. “Esto es una bomba de relojería”, señala el director de Cáritas Jura, Jean-Noël Maillard. “La gente que ya recibe asistencia social no puede salir adelante y otra se hunde poco a poco, porque su situación ya era delicada. Se avecina una gran ola de pobreza.”

Por el momento, no se observa ningún flujo a nivel de la ayuda social. Jean-Noël Maillard, sin embargo, piensa que es solo una cuestión de tiempo, porque la clase media baja agotará sus escasos ahorros y a los parados por la COVID-19 se les va a acabar la prestación por desempleo, a la que tienen derecho durante dos años.

“Tenemos que poner remedios para evitar que la gente no se suma en la pobreza”, afirma el director de Cáritas Jura, “pagar el 100% del salario a las personas con ingresos bajos que se encuentran en desempleo parcial y conceder prestaciones adicionales a las familias y los trabajadores pobres”.

Un llamamiento que, en parte, ha llegado al Parlamento: en diciembre, el Legislativo ha previsto una cláusulaEnlace externo para las personas con bajos ingresos que están en desempleo parcial. Aquellas que perciban los 3 470 francos podrán cobrar el 100% de su sueldo, lo mismo aquellas cuyo salario oscila entre los 3 470 y los 4 340 francos si sufren una pérdida total de ingresos. El Gobierno ha aprobado esta nueva reglamentación con efecto retroactivo hasta el 1 de diciembre.

* Sobrenombre

Traducción del francés: Belén Couceiro

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