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Expectativas de Suiza: perspectivas políticas para el 2021

¿Qué debe esperarse de la relación entre Suiza y la UE? Keystone / Martin Ruetschi

Amenazas de erosión del acuerdo marco entre Suiza y la UE, una controversia interna sobre la conveniencia de prohibir el uso del burka y un año crucial para la OMC y la OMS, piezas fundamentales de la Ginebra internacional, son algunos de los temas claves por venir. Si Suiza supera la crisis del coronavirus, el 2021 será un año de frenético trabajo.

Este contenido fue publicado el 31 diciembre 2020 - 10:17

Política federal: un año intenso a la vista

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La cosecha política del 2020 terminó con una batalla épica en las urnas: una reñida votación relacionada con la iniciativa "por multinacionales responsables". Y el 2021 anticipa que no dará tregua, ya que la primera votación en puerta luce incluso intensa. El 7 de marzo, la gente irá a las urnas a pronunciarse sobre una iniciativa popular para prohibir el uso del burka en los espacios públicos. Presentada en 2017 por miembros de la extrema derecha suiza, la enmienda constitucional propuesta ocupará, sin duda, los titulares de la prensa internacional.

Los observadores políticos consideran que las posibilidades de éxito de la iniciativa son bastante altas: el Comité Egerkingen, origen de la iniciativa anti-minaretes aceptada por el pueblo suizo en 2009 (con 57,5% de votos a favor), podría gozar de un apoyo que va más allá de los círculos conservadores y nacionalistas de Suiza. La Suiza francófona ya se ha creado un comité con personalidades de todas las tendencias políticas que hace campaña destacando la importancia de la igualdad entre mujeres y hombres, desafiando al creciente espectro del fundamentalismo islámico en Suiza.

Ante estos argumentos, los discursos del gobierno, la mayoría parlamentaria y los grupos de derechos humanos que consideran que esta iniciativa es innecesaria e, incluso, podría ser contraproducente para las mujeres en cuestión, palidecen. Especialmente en un contexto europeo en el que la prohibición del burka ganó terreno ya en Francia, Bélgica, Dinamarca y Austria, entre otros países, así como en los cantones del Tesino y San Gallen donde ya está prohibido su utilización.

Paradójicamente, la iniciativa "Sí a la prohibición de ocultar el rostro"Enlace externo, título oficial y sobrio que se le dio, será votada en un momento en el que la propia población suiza ha debido llevar una máscara que les oculta el rostro en todos los lugares públicos desde el verano pasado. Pero no sería previsible que este hecho juegue un rol importante en la decisión de la gente sobre este tema.

Plaguicidas, un gran problema social

¿Será 2021 el año de las iniciativas populares? Si bien sus posibilidades de éxito son generalmente bajas (solo se acepta una de cada 10), otros dos proyectos de enmiendas constitucionales se acercan a las urnas con buenas probabilidades de éxito. Ambos son relativos al uso de plaguicidas sintéticos, un tema que se ha convertido en toda una prioridad para los consumidores suizos y del resto del mundo.

La primera iniciativa, "Por una Suiza libre de pesticidas sintéticosEnlace externo", busca prohibir el uso de pesticidas en la agricultura suiza y la importación de alimentos que los contengan. La segunda, "Por agua potable limpia y alimentos saludablesEnlace externo", pretende recortar los subsidios directos que se pagan a los agricultores que usan pesticidas o antibióticos.

A pesar de su carácter radical, no es seguro que la implacable campaña de los representantes de los agricultores y de la industria agroquímica sea suficiente para empañar la simpatía que despiertan estas dos iniciativas en el público. La historia demuestra que los suizos son sensibles a la hora de decidir sobre aquello que contienen sus platos: en 2005, fueron pioneros en la prohibición del uso de organismos genéticamente modificados (OGM) en su territorio.

Como el pueblo, el Parlamento también tendrá mucha actividad en 2021. Entre los temas clave que tiene su agenda destaca la reforma al sistema de pensiones, que requerirá un activo trabajo de las dos cámaras federales.  Tras un fracasar en una votación popular sobre este tema en 2019, el gobierno propone una nueva reforma al seguro de vejez y sobrevivencia (AVS) proponiendo aumentar la edad de jubilación de las mujeres.  Y Suiza también espera la presentación de una propuesta de reforma al régimen de previsión profesional (2º pilar), que pondrá a prueba la popularidad del ministro del interior, Alain Berset, quien ha tenido una alta exposición política durante los últimos meses debido a la pandemia. Habrá pues suficientes temas para condimentar los cuatro periodos de sesiones, que seguirán celebrándose en medio de una jungla de plexiglás hasta que el coronavirus logres ser derrotado.

Política extranjera requerida en todos los frentes

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El acuerdo marco con la Unión Europea (UE) vuelve al acecho en 2021. Tras una crisis y un largo impasse de dos años, el nudo gordiano de la política exterior impuso una pausa obligada, pero el expediente se reabre este año. En septiembre pasado, al rechazar la iniciativa de la Unión Democrática Central (la ultraderecha conservadora helvética) para limitar la inmigración, lo que habría supuesto abolir la libre circulación de personas, el pueblo abrió nuevamente una vía para el debate bilateral con la UE.  El Consejo Federal, por su parte, dio un nuevo impulso a las negociaciones con Europa al sustituir al negociador Roberto Balzaretti por la exembajadora suiza en Francia Livia Leu.

Así, ante el proverbial optimismo suizo, ahora toca a la UE encontrar un nuevo negociador, ya que esta plaza está vacante. Las disputas que enfrentan Berna y Bruselas son conocidas desde hace mucho y están relacionadas con los siguientes temas: protección salarial, ayudas estatales, directiva sobre la libre circulación de personas y la operación de un órgano de conciliación (arbitraje).

Hasta el momento, no se ha materializado ningún acercamiento. Y ya se sabe que la lista de negociadores suizos que han salido maltrechos en las negociaciones de la UE es larga e incluye a la “crema y nata” de la diplomacia suiza, como Yves Rossier, Jacques de Watteville o Pascale Baeriswyl. Pero el resultado de la negociación del Brexit ha dejado claro a Berna que la UE ofrecerá un margen de negociación y flexibilidad limitados.

Resultado: la confusión sigue reinando. Del lado suizo, se esperaría que acepte realizar ajustes sustanciales para poder avanzar. Pero políticamente hablando, la derecha, el centro y la izquierda se opondrán.

¿Un nuevo caos migratorio estaría en ruta? Bloqueado desde hace tiempo, el pacto migratorio de la UE tiene repercusiones indirectas en Suiza. Los estados miembros de la UE no lograron resolver el delicado tema de la distribución de solicitantes de asilo dentro de la Unión durante la última reunión que sostuvieron en diciembre. Países como Polonia y Hungría se opinen a este pacto.  Sin embargo, se espera que la migración siga aumentando y se confirme como uno de los temas más importantes para Europa en 2021.

Si la pandemia es vencida, es previsible una nueva oleada migratoria durante el verano. Las consecuencias son impredecibles. Esto sucederá en un contexto en el que la crisis sanitaria ha reforzado el sentimiento de nacionalismo mientras los controles fronterizos se refuerzan en los países de la UE. Especialmente afectados por la pandemia, los países del sur de la UE podrían enfrentar nuevos desafíos migratorios. Y se teme que se reporten nuevos desastres humanitarios como el de Lesbos, en Grecia.

La migración también será fundamental para la política exterior de Suiza en 2021, año en el que entra en vigor la nueva estrategia suiza para la cooperación internacional. Más focalizada en términos geográficos, vinculará la ayuda al desarrollo con la política migratoria. Concretamente, Berna reducirá gradualmente su apoyo a la región de América Latina y el Caribe de aquí al 2024 y esta ayuda se dirigirá a regiones de mayor prioridad, como África del Norte, Oriente Medio, Europa del Este, Asia Central y del sureste. Por tradición, Suiza seguirá trabajando en la promoción de la paz y comprometida con la ayuda humanitaria, según sus líneas estratégicas para el 2021-2023. Atender estos dos temas permitirá a Suiza acrecentar sus probabilidades de acceder a un puesto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en 2023/2024.

Suiza y las superpotencias

El posicionamiento de Suiza frente a superpotencias como China y Estados Unidos también estará en la agenda de la diplomacia suiza en 2021. La llegada al poder del nuevo presidente estadounidense, Joe Biden, coincidiría con un cambio en el rumbo de la política exterior suiza, especialmente en el caso de Oriente Medio, región en donde Suiza participa activamente desde hace años. El gobierno de Estados Unidos, por su parte, deberá explicar claramente por qué considera que las intervenciones del Banco Nacional de Suiza (BNS) en los mercados de divisas son sospechosas o injustificadas. Y Suiza, en su turno, deberá explicar porque considera necesarias estas intervenciones para garantizar la estabilidad del franco suizo y evitar un repunte indeseable de los precios de las exportaciones helvéticas o será acreedora a sanciones.

En su estrategia frente a China, la Confederación Helvética deberá mostrar tacto. A mediados del 2020, el ministro de Relaciones Exteriores suizo, el liberal-radical (derecha) Ignazio Cassis, estremeció a los círculos económicos emitiendo críticas contra China. Al privilegiar la relación económica con Pekín, Suiza ha evadido tácitamente entrar en conflicto con este país en el tema de los derechos humanos, una tibieza que es criticada por la izquierda helvética. Ahora queda por ver si el gobierno toma una actitud más osada. Recientemente, un acuerdo entre Suiza y China que permitía al gigante asiático perseguir disidentes chinos en el extranjero no fue renovado, reduciendo un poco la tensión.

Ginebra internacional: la era post-Trump 

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Se esperan cambios decisivos en 2021 en la llamada Ginebra internacional, particularmente en el seno de organizaciones que son objetos de impugnación como la Organización Mundial de la Salud (OMS) o la Organización Mundial del Comercio (OMC). En el corazón de las placas tectónicas que agitan la geopolítica global, Ginebra deberá hacer malabarismos en medio de la tensión que genera el futuro de la paz internacional, al tiempo que se debaten temas migratorios y humanitarios. La OMS y OMC tienen el desafío de asegurar su financiación, así como la ONU y las oenegés. Esto es, la crisis del coronavirus podría generar un efecto de largo plazo en el funcionamiento de la Ginebra internacional y esto tendría un impacto mundial.

Nuevo comienzo con los Estados Unidos

Agobiadas por los problemas de flujo que han vivido en el pasado reciente, las organizaciones internacionales, como la OMS y OMC, dejaran de experimentar la presión que imprimió la administración estadounidense de Dondald Trump. Se espera que con el nuevo gobierno regrese el apoyo financiero de Estados Unidos, pero la transición de la política de Washington será paulatina, nada ocurrirá de la noche a la mañana. Así que diversas organizaciones, como la OMC, seguirán siendo presionadas para realizar profundas reformas internas.

¿Puede la OMC continuar su misión en ausencia de un sistema de arbitraje efectivo capaz de resolver disputas comerciales? ¿Cuáles serán los compromisos de China y los países en desarrollo en la futura OMC? Y, por ahora, lo único que es seguro es que la OMC debe elegir a un nuevo presidente en 2021 y que, por primera vez en la historia, será una mujer.

En el caso de la OMS, vilipendiada por Donald Trump por considerarla demasiado indulgente con China durante la pandemia Covid-19, dicha organización deberá dedicar el 2021 a consolidar su mecanismo COVAX. Es el sistema para armonizar la adquisición y distribución de vacunas que evita que los países en desarrollo se queden al margen de las inmunizaciones masivas. En particular, será necesario ver si este mecanismo tendrá el poder de restaurar la empañada imagen de la OMS cuando las vacunas contra la COVID-19 se administren de forma masiva. La OMS también trabajará en la profundización de los estudios para crear "un sistema global de intercambio de patógenos", como indicó su director general Tedros Ghebreyesus.

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