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“Los talibanes no son solamente los malos”

Una familia afgana en las calles de Kabul en agosto de 2021. Copyright 2021 The Associated Press. All Rights Reserved.
Este contenido fue publicado el 30 agosto 2021 - 08:53

En veinte años, los talibanes también han cambiado, considera Ramia Abdul Wakil, ciudadana suiza y afgana. En su opinión, la visión occidental de Afganistán está sesgada.

Nacida en Afganistán en el seno de una familia socialista, huyó de su país cuando los muyahidines llegaron al poder en 1992. Su padre, antiguo diplomático y destacado político, sus hermanos y hermanas y ella misma encontraron refugio en Suiza. Ramia era entonces adolescente. 

Tras diez años en Suiza, la mayor parte en Ginebra, se convirtió en ciudadana suiza.

Ramia Abdul Wakil

Ramia Abdul Wakil es actualmente consultora de la Fundación Earth Focus. Tiene una amplia experiencia en el campo del desarrollo y los derechos humanos y de género, y ha trabajado tanto para organizaciones de la sociedad civil como para instituciones gubernamentales en Suiza y en el extranjero. Es licenciada en Relaciones Internacionales por la Escuela Diplomática y de Relaciones Internacionales de Ginebra (GSD) y tiene un diploma de postgrado en Gestión de Conflictos y Desarrollo por la Open University de Londres.

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En 2013, tuvo la oportunidad de volver a su país natal como empleada de una organización no gubernamental (ONG) especializada en el empoderamiento de la mujer. Al cabo de un año, se incorporó a la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE), adscrita al Ministerio de Exteriores. Trabajó para ese organismo dos años y uno más para la embajada de Canadá en Kabul. En 2017, las obligaciones familiares la obligaron a regresar a Suiza. 

SWI swissinfo.ch: ¿Cómo era Kabul cuando usted vivía allí?

Ramia Abdul Wakil es afganosuiza y viven en Ginebra. MÀD

Ramia Wakil: La seguridad era precaria, había atentados con bomba de manera regular, pero la ciudad seguía siendo más segura que el resto del país, donde realmente había guerra. Cuando volví a mi país de origen en 2013, sabía lo que me esperaba. Conocía la realidad del terreno porque había estado en Afganistán cuatro veces entre 2001 y 2013. No salía mucho por razones de seguridad y también por el pasado político de mi familia, que era conocido.

¿Cómo fue su integración en Kabul?  

No fue fácil ser aceptada como ciudadana con doble nacionalidad. Al mismo tiempo, el conocimiento de los dos países me permitió tender puentes, lo que al final fue una ventaja. Además, no hay una sola mentalidad afgana, hay muchas. Por razones de seguridad, es importante adaptarse constantemente a la realidad sobre el terreno. Por supuesto, ser mujer no facilitaba las cosas. 

En cuanto a las mujeres, durante la ocupación estadounidense de los últimos veinte años, han adquirido derechos que ahora corren el riesgo de volver a perder bajo el régimen talibán. ¿Le preocupa esto?

Creo que la situación de las mujeres está inextricablemente ligada a la seguridad y la economía. No es un buen momento para tratar las cuestiones de género. La población vive en tales condiciones de pobreza que, por el pronto, debemos centrarnos en sus necesidades básicas, como el acceso a la alimentación, la vivienda y la atención sanitaria. 

Las mujeres afganas son fuertes. Lo han demostrado durante todos estos años de sufrimiento. Seguirán luchando y defendiendo sus intereses. Por otro lado, aquellas que vivían en las ciudades pudieron beneficiarse del sistema implantado por Occidente y no volverán atrás. 

Recaudación de fondos para Afganistán

La Cadena de la Solidaridad, la plataforma suiza de solidaridad humanitaria, está recogiendo donativos destinados a paliar las consecuencias de la crisis en Afganistán. 

Las donaciones con la mención “Afganistán” pueden hacerse en línea en bonheur.ch Enlace externoo a través de la banca electrónica al número de cuenta IBAN CH82 0900 0000 1001 5000 6.

La Cadena de la Solidaridad cuenta con el apoyo de la Sociedad Suiza de Radiodifusión SRG SSR, a la que pertenece swissinfo.ch. También trabaja con medios y empresas privadas.

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¿Y el resto de la población que también ha saboreado una cierta forma de libertad económica, política y educativa?

Durante los cuatro años que pasé en Kabul, estuve en contacto con todas las capas de la sociedad. Me parece que la clase media es la que más se ha beneficiado de la relativa seguridad y de las oportunidades económicas que han proporcionado la comunidad internacional y las ONG. Estas personas han conseguido algunos derechos y libertades y beneficios económicos. Sin embargo, los pobres, que constituyen la gran mayoría de los afganos en las zonas rurales, no se han beneficiado. Por el contrario, se han hundido más en la pobreza. El actual sistema económico, que depende de la ayuda, está al borde del colapso debido al cese de los fondos por parte de las instituciones financieras internacionales y la congelación de las reservas del gobierno afgano por parte de Estados Unidos. Para mí, esto demuestra claramente que una estructura económica, política y militar creada artificialmente, que no ha podido desarrollarse de forma natural a través de la población autóctona, está condenada al fracaso en cuanto se retira la ayuda exterior.   

Hoy, la clase media está comprensiblemente preocupada por sus derechos políticos, pero es una minoría. La inmensa mayoría de las y los afganos, independientemente de su etnia o religión, solamente quiere una cosa: ¡seguridad y el fin de cuarenta años de conflicto!

¿Y los talibanes?

En veinte años, toda la población afgana ha evolucionado. Los talibanes también. Estos últimos no podrán actuar de la misma manera que antes de 2001, porque la gente que ha probado la libertad resistirá. El cambio debe venir del propio pueblo afgano. La construcción de una nación que pertenezca al pueblo afgano y dirigida por afganos lleva tiempo. El país atravesará sin duda un período turbulento.

Creo que ahora debemos dejar que la historia siga su curso. Una democracia no se construye en un día. En Afganistán, el curso de la historia se ha visto constantemente interrumpido por sucesivas ocupaciones. Y hemos visto que no han aportado nada positivo.

¿Cree que se puede confiar en los talibanes cuando dicen que no restringirán las libertades y no perseguirán a las personas que hayan colaborado con las fuerzas occidentales?

Es difícil de decir en este momento. Hay que distinguir entre lo que dicen los dirigentes y lo que ocurre sobre el terreno, en el campo. Los talibanes no están organizados como un verdadero ejército. No es un sistema institucionalizado, estructurado. Así que no debemos esperar una coherencia inmediata entre los anuncios y los hechos.

Sin embargo, los talibanes necesitan el reconocimiento de la comunidad internacional, porque el país no es económicamente independiente. Por lo tanto, tendrán que respetar algunas condiciones.

Estas personas también están traumatizadas y cansadas de años de guerra. Cuando estuve en Kabul, advertí que era importante entender su punto de vista. En el campo, los combatientes solamente defienden su país contra el invasor. Para ellos, es una causa sagrada. Debemos analizar y contextualizar su versión de la historia para entender la causa fundamental del conflicto, en lugar de etiquetar a los beligerantes como los buenos y los malos. Los talibanes no son solamente los malos, hay que mirar más allá de las apariencias. Los agravios son reales de ambos lados.

Traducido del francés por Marcela Águila Rubín

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