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"En Suiza todos mis proyectos habrían muerto"

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Este contenido fue publicado el 06 octubre 2021 - 09:25
Flurina Dünki

Lya Elcagu tenía un asiento en el último vuelo de repatriación de Buenos Aires a Suiza en la primavera de 2020. Nos cuenta por qué decidió quedarse en Argentina a pesar de todo.

En aquel momento, Lya Elcagu, estaba tratando de asimilar las preocupantes noticias sobre el coronavirus. "Decían que la COVID estaba expandiéndose por Europa. Pensé que sería otra gripe más".

Enero y febrero son la temporada alta del tango. Durante el verano en Buenos Aires miles de turistas acuden a las milongas, los salones de tango de la ciudad. Antes refrescan su conocimiento del baile y toman unas clases en una escuela de tango donde se ponen en forma para las veladas en la pista de baile.

Ella baila en el centro

Dos completos desconocidos se pegan cara a cara en la íntima postura del baile argentino y se dejan llevar por las melancólicas canciones de tango que crean ese ambiente único. Bailan y sudan, sobre todo cuando falla el aire acondicionado, porque la red eléctrica de la ciudad no está hecha para cubrir las necesidades de refrigeración de sus nueve millones de habitantes más los turistas.

Lya Elcagu, de 38 años, nació en Zúrich como Lea Schmid. Actualmente es profesora de tango en Buenos Aires, donde vive desde hace nueve años. Trabajaba en la conocida escuela de tango DNI Tango, donde con sus zapatos de ocho centímetros de tacón enseñaba frente al espejo cómo girar y dónde colocar el pie. "Los 18 profesores de la escuela teníamos la agenda completa y trabajábamos hasta 13 horas al día", recuerda.

Todos se fueron, ella se quedó

Entonces los acontecimientos se precipitaron. Argentina anunció que cerraría las fronteras. En una semana todos los turistas se fueron. Con ellos se fueron la mayoría de los estudiantes  y las aulas se quedaron vacías. No obstante, pronto se prohibieron las clases en grupo. "Nos vemos cuando abramos de nuevo", dijo a sus alumnos. Pensó que serían unas semanas.

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Pero las primeras medidas de permisividad no llegaron hasta la primavera en septiembre de 2020. La segunda ola llegó en abril de este año. "De momento, todo está reabriendo poco a poco", nos explica Lya Elcagu. "Al menos los salones y escuelas de tango que no han quebrado".

Danza del vientre en Buenos Aires

Sin embargo, Lya, graduada como trabajadora social, no llegó a la inmensa ciudad del Río de la Plata por el tango. Fue la danza oriental, entre otras cosas, la que le atrajo a su futuro hogar. La había practicado apasionadamente años antes en Suiza. En 2012 dejó de trabajar como asesora de integración profesional para tomar clases con la famosa argentina de danza del vientre, Saida Helou. "Y una vez en la ciudad, también tomé algunas clases de tango". 

Así fue cómo quedó prendada. No solamente se enamoró del baile, sino que se encontró en una compañía que la alentó a dejar que la artista que llevaba dentro cobrara vida. "Aquí no te regalan nada y eso para el ámbito creativo es un caldo de cultivo, porque la creatividad surge cuando te ves obligado a actuar", nos cuenta.

Lya Elcagu se quedó. Primero trabajó en una empresa alemana y al mismo tiempo tomó muchas clases de tango. Por fin llegó a DNI Tango, primero detrás del mostrador de ventas de la tienda de tango, y más tarde al frente de sus alumnos.

"No pude marcharme"

Cuando las escuelas de tango cerraron por culpa de la COVID y su fuente de ingresos se agotó, decidió, tras meditarlo, volver a su patria. Consiguió un billete en el último vuelo de repatriación a Suiza. Sin embargo, cuando despegó, ella no estaba en él. "No fui capaz de marcharme. Esta es mi casa, mis amigos, mi vida están aquí", añade.

Y algo más le impidió volar de vuelta a casa. Habría tenido que dejar definitivamente o al menos por el momento su profesión de artista. "Primero el recorrido burocrático por la oficina de asistencia social y la agencia de empleo, el pago de los costes, la vuelta al trabajo... El tango no habría sido posible durante mucho tiempo". Además, su cabeza estaba llena de ideas para nuevos proyectos de tango. "En Suiza, todos mis proyectos habrían muerto”.

El infierno de la inflación

Así que se quedó en Buenos Aires. Sabía que tenía que enfrentarse a dos enemigos al mismo tiempo. Porque la paralización de la economía exacerbó un mal que llevaba décadas enquistado: la inflación argentina. Debido a que los presidentes argentinos llevan generaciones pidiendo prestado y endeudándose, la credibilidad de la moneda se hunde constantemente.

El peso argentino cae prácticamente todos los días, y los precios suben en consecuencia. Y los productos importados, como los auriculares inalámbricos o una cámara de Internet, que Lya Elcagu necesitaba para pasarse a la enseñanza en línea, son especialmente caros. "No todos los profesores de tango pueden permitírselo", asegura.

¿Tener un colchón de ahorro para cuando lleguen los días malos? ¿Para qué, si lo que ahorres tendrá poco valor dentro de un año? "La mejor manera de ahorrar es en dólares", nos explica Lya. Pero como el dólar tiene un valor inestimable para los argentinos, solamente se puede comprar a un tipo de cambio muy inflado.

El tango argentino sufre

"No se puede calcular cuánta gente vive del tango", sostiene Lya Elcagu. "No se trata solamente de bailarines y profesores de danza. Hay vendedores de zapatos de baile, operadores de salones, bandas de música, técnicos de luz y sonido y fotógrafos". El sector se manifestó ante el palacio presidencial, la Casa Rosada. El presidente Alberto Fernández, un populista de izquierda, no facilitó ayudas hasta unos meses después.

Tampoco fue mucho, asegura la suiza, que por suerte no tuvo que depender de los fondos estatales gracias a sus clases en línea. "Los representantes del sector del tango también tuvieron que negociar durante meses los conceptos de protección. Meses de ingresos bloqueados para una industria que, por lo demás, es muy elogiada como atractivo nacional y que aporta divisas al país".

Montañas de deuda

En Argentina la distribución de los fondos estatales es muy complicada, explica el macroeconomista Mathias Rainermann, de la consultora Ecolatina. "Otros países se están endeudando por esto mismo, pero Argentina tiene tanta deuda que no puede endeudarse más por ningún lado". Para ofrecer apoyo financiero a las empresas y a los autónomos, el presidente Fernández recurrió al ya conocido remedio que ha sido la principal causa de la inflación del país. "La única opción era imprimir el dinero necesario", señala el experto.

"Para echar una mano a la economía, se imprimió una cantidad récord de dinero". 

Consecuentemente, la curva de la inflación se puso muy inclinada, y el dinero de los argentinos se desvalorizó aún más rápido.

Para llegar a fin de mes Lya Elcagu hace lo mismo que todos los argentinos: trueque en lugar de compra. El técnico repara su ordenador portátil a cambio de una clase de yoga, la ropa nueva suele ser la desechada por una amiga que a cambio recibió ropa de Lya.

El tango contra la soledad

Y luego se produjo una crisis que Lya Elcagu pudo observar. Cuando se practican los ejercicios de la profesora en el salón de tu casa no hay una recompensa, no hay contacto ni encuentros. "Hay gente que elige el tango porque se siente sola. Son precisamente esas personas las que más han sufrido el cierre de las escuelas".

Pero de la necesidad surge la solidaridad. La asociación Trabajadores de Tangodanza distribuye desde marzo de 2020 paquetes de alimentos, financiados con donaciones. Y las tangueras y tangueros no han sido olvidados por los turistas ávidos de tango que suelen acudir a la ciudad. Se han organizado milongas benéficas por todo el mundo y la recaudación se ha enviado a Argentina.

Ahora, un año y medio después del surgimiento de la COVID, Lya Elcagu ha vuelto a Suiza, de visita. Dará clases de tango en Europa en septiembre y octubre.

Y nos asegura que estará en el avión de regreso a Buenos Aires.

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Traducción del alemán: Carla Wolff

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