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¿En qué punto se halla la investigación sobre la COVID persistente en Suiza?

La fatiga extrema es uno de los síntomas de la COVID persistente (imagen representativa). Credit: Maridav / Alamy Stock Photo

Cada vez hay más personas con síntomas que no desaparecen tras padecer el coronavirus. ¿Se está convirtiendo la COVID persistente en una amenaza para el sistema sanitario? La investigación se está llevando a cabo, aunque todavía se enfrenta a distintos obstáculos.

Este contenido fue publicado el 09 septiembre 2021 - 09:00

Fatiga, falta de fuerzas, dificultad para respirar, alteración del olfato y del gusto. Muchas personas que hace tiempo que han superado una infección por coronavirus siguen padeciendo problemas de salud. Algunos síntomas, como la niebla cerebral, es decir, el pensamiento confuso –también la depresión– son difíciles de tratar. En otros casos puede tratarse de un dolor articular o muscular.

A pesar de que la investigación está todavía en sus inicios y los enfoques son muy diferentes, el abanico de afecciones muestra claramente que el coronavirus parece afectar a todo el cuerpo. ¿Cuál es el alcance de la enfermedad? ¿Cuáles sus posibles terapias? ¿Hay grupos de riesgo?  

COVID persistente

El término COVID persistente se utiliza para describir los efectos provocados a largo plazo por la COVID-19. Así, se habla de COVID persistente cuando tres semanas después de una infección o del alta hospitalaria las personas afectadas siguen teniendo, al menos, un síntoma que antes de la infección no tenían: fatiga, dificultad para respirar, dolores de cabeza o pérdida del gusto y del olfato, por ejemplo.

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¿Y qué efectos se pueden esperar en la sociedad: en los empresarios, las instituciones y las compañías de seguros? Una cosa es evidente: el tiempo apremia, porque la enfermedad es compleja, brutal y costosa. Y totalmente nueva.      

Amplia gama de resultados

Hasta ahora en Suiza se han llevado a cabo diversos análisis a gran escala sobre la COVID persistente. Las universidades de Ginebra, Lausana y Zúrich han publicado artículos en revistas de prestigio. Los resultados principales de estos estudios muestran diferencias relativamente grandes respecto a la frecuencia de casos de pacientes que siguen sufriendo COVID persistente después de más de seis meses.       

Dos estudios realizados por la Universidad de Zúrich, por ejemplo, han concluido que sufren COVID persistente en torno al 20-25% de los adultos (resultados publicados en PLOS OneEnlace externo) y alrededor del 2% de los niños (investigación dada a conocer en el Journal of the American Medical AssociationEnlace externo) infectados por coronavirus.

El porcentaje es del 39%, según el estudio de la Universidad de Ginebra (publicado en Annals of Internal MedicineEnlace externo). Pero hay que tratar estos resultados con precaución, ya que las indagaciones todavía se están llevando a cabo.  

Para el epidemiólogo Milo Puhan, responsable del estudio de cohorteEnlace externo [investigación en la que se compara la frecuencia de aparición de un evento entre dos grupos, uno de ellos expuesto a un factor que no está presente en el otro] de Zúrich, la diferencia entre los resultados se explica porque los datos se han recogido en momentos distintos. “Pero los resultados apuntan en la misma dirección”, subraya.

Recientemente Milo Puhan ha resumido, para la Oficina Federal de Salud Pública, 70 estudios realizados en todo el mundo. Una labor que no ha sido fácil, “porque la definición de COVID persistente todavía no es uniforme y se ha medido en momentos distintos”, dice.    

No obstante, el epidemiólogo cree que, en lo que a la frecuencia de la COVID persistente se refiere, los estudios suizos se sitúan en el rango medio. Y todavía resulta muy difícil hacer una evaluación. “¿Cuáles son los efectos médicos? ¿Cuál es el impacto en la vida diaria y en el trabajo?”, se pregunta Milo Puhan.

Demanda de atención

Sin embargo, ya se puede sacar la conclusión de que el sistema sanitario se verá sometido a una presión mayor debido a la COVID persistente. “Hay que prepararse en materia de atención sanitaria, y quizás también en servicios sociales. Esto significa que habrá que prestar atención a la situación y preparar ofertas adecuadas, ya sean ofertas de bajo umbral o de horas de consulta especializadas”, indica Milo Puhan.    

Los Hospitales Universitarios de Ginebra ofrecen consultas especializadasEnlace externo desde el verano de 2020. Y en la actualidad están tratando a unos 350 pacientes. Aquí trabaja Mayssam Nehme, la primera autora del estudio de Ginebra –uno de los primeros y más importantes llevados a cabo sobre la COVID persistente en Suiza y también en el extranjero–.

“Empezamos a hacer seguimiento a los pacientes de COVID-19 tratados de manera ambulatoria en marzo de 2020, porque no entendíamos qué estaba pasando”, explica Nehme. Los cuidadores percibieron que algunas personas sufrían los síntomas de COVID-19 (fatiga, dificultad para respirar, dolores de cabeza, pérdida del gusto y del olfato) durante más tiempo. “Así que decidimos hacer un análisis prospectivo, es decir, seguir observando durante meses o incluso años a esas mismas personas que habíamos examinado en marzo de 2020 y ver cómo evolucionan con el tiempo sus síntomas”.

Todavía no se sabe si algunas de las limitaciones que aparecen en todos los estudios se deben al nuevo COVID persistente o si se deben a otras infecciones u otros motivos. Para obtener una imagen más clara, al estudio de Ginebra se le ha añadido un grupo de control.

¿Cuál es la situación en Suiza?

Si se compara con otros países, Suiza está obteniendo buenos resultados en su investigación sobre la COVID persistente. “Suiza ha sido, junto con el Reino Unido y Estados Unidos, uno de los primeros países en emprender este camino, así que desde el principio nos lo tomamos en serio”, afirma Mayssam Nehme. Sin embargo, en palabras de Nehme, el pequeño tamaño de la muestra es una cortapisa con la que tienen que lidiar los investigadores suizos.     

Otra limitación, según Milo Puhan, es la dificultad que hay en Suiza para vincular las bases de datos entre sí. Hacerlo permitiría realizar búsquedas para saber quiénes sufren COVID persistente durante más tiempo y quiénes necesitan, por ejemplo, atención médica repetida tras una infección. “Esto es posible en Dinamarca, Noruega o Inglaterra, porque estos países tienen sistemas que lo permiten”, dice Puhan.   

Pero lo que más lamenta Milo Puhan es que las investigaciones sobre la COVID persistente hasta ahora no hayan recibido financiación específica, como sí ocurre en Alemania, Noruega, Reino Unido y Estados Unidos.     

Críticas de las personas afectadas 

En Suiza, las personas afectadas por la COVID persistente han tenido que luchar durante mucho tiempo para ser reconocidas y atendidas. “Hay más reconocimiento en la comunidad científica; eso es evidente. El grupo de trabajo científico ha hablado públicamente de ello e incluso se ha empezado a discutir a nivel político”, señala Mayssam Nehme, que tiene la impresión de que ahora las autoridades sí se están tomando la COVID persistente en serio.    

Uno de los reproches que las personas implicadas hacen es que la ciencia se centra demasiado en las cifras y menos en lo que ayuda a los pacientes. Una crítica que el Fondo Nacional de Investigación Científica parece haber escuchado.

Una cuestión de seguro 

“Estamos recibiendo varias solicitudes del seguro de invalidez”, explica Mayssam Nehme, médico en la consulta de COVID persistente en los Hospitales Universitarios de Ginebra.

Las compañías de seguros acabarán ocupándose de la COVID persistente. Al seguro de invalidez ya se han presentado casi un millar de solicitudes. Y se espera que se tomen las primeras decisiones este próximo otoño.

Para el epidemiólogo Milo Puhan, aceptar la enfermedad es una cuestión clave. Ahora es importante acordar ciertos criterios para el diagnóstico.

Para poder obtener una pensión –según informa el seguro de invalidez– hay que haber estado –al menos un año– incapacitado para trabajar y haber recibido tratamiento médico.  

La Oficina Federal de Salud Pública también ha reconocido la COVID persistente y ofrece más información en su sitio webEnlace externo.

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En el marco del programa Investigator Initiated Clinical Trials (Ensayos clínicos iniciados por los investigadores) puesto en marcha este año, los pacientes están representados –por primera vez– en la evaluación de las solicitudes de financiación. Tal y como el Fondo Nacional de Investigación Científica afirma en un comunicado de prensaEnlace externo, este programa pretende dar respuesta a cuestiones médicas “importantes para la sociedad pero no prioritarias para la industria”.   

Milo Puhan declara ser “firme defensor de la participación de las personas afectadas en la investigación”. En el marco de otro proyecto, se ha creado un Consejo Científico de COVID persistente en Zúrich. “Junto con una treintena de personas afectadas, intentamos crear un programa de investigación que refleje realmente su punto de vista”, considera el investigador.

Mayssam Nehme cree que la investigación, en primer lugar, debe entender la enfermedad y determinar su porcentaje o su frecuencia. A lo que sigue la búsqueda de factores de riesgo.

“Pero es evidente que debemos comprender lo que puede ayudar”, indica Nehme, que menciona los primeros resultados de su consulta: “Sabemos que un enfoque multidisciplinar y estructurado ha ayudado mucho a nuestros pacientes, porque reconoce y trata todos sus síntomas”.

¿Una oportunidad para la hostelería?

Para Mayssam Nehme el primer punto de contacto, evidentemente, debe ser siempre el médico de familia. “Un centro de COVID persistente, sin embargo, puede ofrecer este enfoque estructurado y multidisciplinar, porque tiene su médico, sus pruebas, así como su fisioterapia”, reconoce.  

En Suiza y en otros países, algunos hoteles se han reconvertido para atender a las personas aquejadas de COVID persistente. Mayssam Nehme dice que para darles algo de esperanza es importante que los pacientes, incluso aquellos para quienes las cosas han mejorado, puedan hablar entre ellos y compartir sus experiencias.

Traducción del francés: Lupe Calvo

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